3 de marzo de 2011
Vaya si el gigante está de vuelta. Juan Martín del Potro, ya superado su olvidable 2010, tras la operación que lo marginó del circuito casi toda la temporada, regresó con todo. En Delray Beach logró su primer título de ATP en 17 meses y medio, desde que obtuvo el US Open en 2009. Como si fuera poco, el ex top-ten avanzó casi 400 puestos en el ranking mundial en un mes y es otra vez uno de los 100 primeros.
Mucho antes de lo pensado por la mayoría, incluidos el propio jugador argentino y su entrenador Franco Davin, pudo darse el gusto de adjudicarse un certamen en singles. Venía de ser semifinalista en San José y en Memphis y, en otro torneo en Estados Unidos y sobre canchas de cemento, sus preferidas, consiguió levantar una copa y sorprender a varios. Así, con 22 años, ya acumula ocho coronas profesionales.
El mismo tandilense de 1,98 metro, fanático del fútbol y de Boca Juniors, que tiene como ídolo a Pete Sampras y también admiró muchísimo a Marat Safin, ganó seis de sus ocho títulos en superficies duras -los dos primeros fueron en arcilla- y cinco en suelo estadounidense. Esto no hace más que ratificar su gran potencial, ya que es sin dudas uno de los mejores tenistas del planeta y está volviendo de a poco a su gran nivel.
Así, Del Potro avisó que sigue por el buen camino del retorno. Y pensar que el año pasado apenas pudo disputar tres campeonatos, ya que tras acceder a los octavos de final del Abierto de Australia debió pasar por el quirófano. La intervención de su muñeca derecha lo marginó de las máximas citas y su regreso era toda una incógnita. Participó en dos certámenes sobre fines de 2010 y en ambos perdió rápido y sin ganar un solo set.
Ya sin molestias, pudo realizar la pretemporada con las energías recargadas y la ilusión a pleno de ser, en algún momento, el mismo de antes. En un año pasó de bajar del puesto N° 4 del mundo hasta el 485°, ni bien terminó el reciente Grand Slam en Melbourne. Es decir, que hace cuatro semanas había tocado fondo en el listado. Optó por buscar recuperar terreno en el cemento norteamericano y no en la gira latinoamericana de canchas lentas y el resultado está a la vista de todos.
Desde su despedida de 2010, en la aplastante caída ante Feliciano López en Tokio, pasaron tres meses para que Del Potro volviera al ruedo, ya en el calendario 2011. Y el primer rival fue el mismo español, al que superó con lo justo, luego de tres tie-breaks, en la primera ronda de Sydney. En ese campeonato y en el Abierto de Australia perdió en la segunda rueda, por lo que sufrió el mencionado y estrepitoso derrumbe final en el ranking.
Pero después llegó esta gira por Estados Unidos, en su adorado cemento, y entonces empezó a conseguir el timming necesario, de a poco, pero de manera segura. Así sumó triunfos, horas de cancha y la confianza creció, al punto de que en febrero cosechó 11 victorias y padeció dos derrotas, ambas ante top-ten, para llegar a la marca de 13-4 en este año. Y fue avisando que estaba en el camino del soñado regreso al obtener algunas alegrías que ya tenía olvidadas.
En San José, el argentino derrotó al australiano Lleyton Hewitt, ex N° 1 de la ATP, quien si bien está lejos de sus años dorados, es una buena medida para evaluarse. Allí lo frenó en semi el español Fernando Verdasco. Luego, en Memphis, superó al durísimo sacador local John Isner y al ascendente croata Ivan Dodig, hasta que lo eliminó en semifinales el anfitrión y posterior campeón, Andy Roddick, otro ex rey mundial. Así, sumó seis victorias en dos sets y perdió ambos encuentros por la misma vía.
En total, entre estos tres certámenes, Del Potro dejó en el camino a cinco cabezas de serie y se dio el lujo de imponerse en los cinco partidos en Delray Beach sin perder un solo set. Y con un plus: venció al afirmado sudafricano Kevin Anderson, al exigente estadounidense Mardy Fish y al serbio Janko Tipsarevic, reciente campeón de la Copa Davis, en la recta final del torneo. Así, se ubicó 89° en la ATP.
De esta manera, Del Potro se adjudicó recién su tercera corona sin ceder un set, como le pasó en 2008 en Kitzbühel y en Los Angeles. Además, Delray Beach fue uno de sus títulos más sencillos, ya que perdió 29 games en sus cinco triunfos, igual que en el certamen en Austria, sobre polvo de ladrillo (el segundo de su carrera). En cambio, en Los Angeles, al ser el tercer favorito, sólo debió jugar cuatro partidos y en total cedió 24 games.
El argentino tiene un récord de 8-3 en finales. Justamente, la última definición que había jugado era la de la Copa Masters de 2009, cuando perdió con el ruso Nikolay Davydenko. Y pensar que en Londres superó a rivales del calibre de Verdasco, al mismísimo suizo Roger Federer y al sueco Robin Soderling. Como si fuera poco, en el US Open había eliminado al español Rafael Nadal con baile en semis y a Federer en la finalísima.
No quedan dudas de que Del Potro, de no haber mediado esa lesión y operación, debió permanecer en la elite internacional. Es el lugar que se merece. Ahora, esta gira de febrero le permite renovar sus esperanzas y alcanzar cierta regularidad que tanto extrañaba. Sabe que la ruta del retorno no es fácil, ni mucho menos, pero que va por el camino correcto. Es que ya sumó puntos valiosos y ganó tiempo en este operativo regreso.
Guiado muy bien por Davin, Del Potro sabe que, de no haber logrado lo hecho en estos campeonatos, iba a ser en teoría más difícil conseguirlo en los próximos Masters 1000 de Indian Wells y Miami. Es que, al no ser cabeza de serie, puede cruzarse ya en las primeras ruedas con los mejores colegas y sufrir claras derrotas, porque aún le falta para recuperar su mejor versión, aquella de la segunda mitad de 2009.
El cuadro de situación cambió, porque irá a esos certámenes sin tanta presión y con mucha más confianza. Eso le juega a favor a él y es un riesgo para sus rivales, ya que ven en Del Potro a un posible rival de peligro, por su potencia, por sus letales golpes de base, por su saque y por su magistral actitud ganadora y positiva. Así, bien puede derrotar a algunos de los que ya venció en febrero y/o a otros de similar jerarquía.
En la final ante Tipsarevic, un oponente de cuidado por su servicio y su terrible derecha, el argentino levantó una desventaja inicial de 1-4 y salvó cinco puntos de quiebre antes de quedarse con el primer set, tras obtener cinco juegos al hilo. Eso le dio la fe suficiente para ponerse adelante en el segundo, al punto de que, en total, evitó 10 de las 11 chances de rompimiento que sufrió en el partido. Otra muestra cabal de su gran fuerza mental.
Esta racha le permite a Del Potro tener la continuidad de juego y el ritmo de competencia que añoraba. No está apostando a ganar tantos puntos cortos, a puro saque o con durísimos martillazos con su derecha, sino a lograr solidez desde la base y sumar intercambios, algo clave por la falta de partidos que traía. Ya volverá a "torturar" a sus adversarios con sus grandes armas y así será aún más peligroso.
Por eso, conociendo lo que representa contar con mentalidad ganadora, Del Potro tiene enormes posibilidades de volver a estar cerca de su mejor forma a mediados de este año. Luego de los dos próximos torneos en Estados Unidos, se viene la tradicional gira europea en arcilla, el efímero paso por el césped y otra vez la vuelta al cemento. Allí podremos disfrutar de este gigante ya en un nivel más alto y peleando contra varias de las figuras. Por eso, este título es más que bienvenido.
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