27 de abril de 2011

Locales

Locales. Desgarradora historia de violencia y abuso a una niña

Otra sórdida historia familiar, signada por la violencia doméstica y los abusos está por estas horas ventilándose en la Sala de Acuerdos del Tribunal Criminal Nº 1. Protagonistas: una adolescente que no llegó a la mayoría de edad y debe recordar sus años de vejaciones cuando apenas tenía 9 años. Vejaciones, abusos que padeció por años.

Apenas unos metros al lado de ella, secundado por un hombre de riguroso traje, otro de los protagonistas. Su padrastro, quien está sindicado precisamente de ser el autor de aquel sufrimiento que la niña vivenció sin solución de continuidad.

Como recurrentemente ocurre en este tipo de historias, hay más protagonistas, más violencia, más víctimas. Como la propia madre de la niña, pareja del acusado cuya virulencia no fue motivo por años para convivir bajo un largo sometimiento, cargado de golpes y agresiones psíquicas que finalmente terminaron cuando la mujer advirtió que ya el riesgo no era sólo de ella, su hija era víctima de abuso sexual.

La perversión se pondría en el tapete de esta densa historia familiar, cuando la madre, como allegados a la niña e incluso profesionales advirtieron sobre los problemas de conducta que la niña protagonizaba. Primeramente se sospechó sobre la posible influencia de la separación de sus progenitores y el trastorno de la nueva vida familiar que su madre emprendió con otro hombre, pero con el paso de los meses, los años y los acontecimientos concretos, llevarían a sospechar de “algo más” y ese algo más resultaría la peor pesadilla.

Frente al Tribunal desfilaron varios testigos, entre psicólogos y allegados a la víctima que, de una forma u otra, describieron sobre la traumática conducta de la niña que, a la luz de los acontecimientos llevaron a esos mismos profesionales a reconsiderar que precisamente aquellos trastornos devenían de los abusos ahora ventilados, a partir de indicadores indirectos tales como raras reacciones, dibujos, que hacían pensar en una niña con severos trastornos psicológicos.

Los profesionales comenzaron a intervenir cuando la madre advirtió que su hija de apenas 9 años se masturbaba, y si bien primeramente el primer profesional consultado descartó significación sexual, desde allí la historia oculta se desnudó hasta estos días, tiempo de denuncia juicio.

LOS TESTIMONIOS DEL HORROR

Sería la madre de la víctima quien frente a los jueces relataría su historia de vida junto al ahora sentado en el banquillo de los acusados. Reseñando sobre el inicio de su noviazgo cuando su hija tenía 6 años. Por cuestiones laborales se fueron a vivir a otro país hasta el 2005, tiempo en que regresaron. La mujer confió que desde el inicio de la relación la convivencia entre su pareja y la niña fue difícil, pero a lo largo de su relato en verdad terminaría hablando de una relación violenta para con las dos. Habló de agresiones psíquicas y físicas para con ella, como así también para con su hija. Calificando al hombre como un sujeto manipulador, agresivo y que los golpes “eran como una forma de dar amor”.

“Hasta el 2008 seguimos viviendo juntos, hasta que no aguanté más”, confesó la mujer golpeada, quien sobre el hecho padecido por su hija recordó que en una de las agresiones vividas (ya separados pero manteniendo una relación “amistosa”) la niña amenazó a viva voz “a ver si tenés tantos hue... y le contás a mi mamá lo que me hacés desde los 9 años”... Aquella reacción de la niña dejó muda a los mayores. Los gritos habían cesado y había llegado la hora de la verdad oculta. Era precisamente Semana Santa de 2009. El sujeto buscó cualquier escusa, incluso recurrió al episodio en el lejano país, cuando vieron que la niña se masturbaba y él la retó, pero sus dichos no serían suficientes para que la madre dejara de sospechar en algo más. Ese algo más lo terminaría de confesar su hija más tarde.

Tras el largo relato de la mujer llegaría el turno de su hija, la víctima. Quien repetiría la historia convivencial, reconociendo ser una niña difícil, de mal carácter, que le costaba socializarse con sus pares y, la relación con su padrastro era la peor.

La hoy niña-mujer confiaría en que no podía hablar en su momento, que tenía miedo por su familia, por su madre. “Si era capaz de pegarme con un cinto podía hacer cosas peores con mi familia”, señaló la hoy adolescente que con desgarradora contundencia y naturalidad se animaría incluso a brindar detalles de los abusos frente a los presentes en la audiencia, añadiendo incluso que ellas los vivía como ausente, sin reaccionar, casi autista frente a la violaciones de ese hombre que ahora escucharía el relato atentamente, sin mutarse.

La madurez de la joven llegaría a reflexiones tales como decir sobre la relación que hoy tiene con su madre, reconociendo que en su momento le echaba la culpa a ella por lo que le tocaba en suerte vivir. “Después entendí que las dos éramos víctimas, las dos tenemos una mochila muy pesada, muy grande...”.

La niña aseveró que sus recuerdos de los abusos sólo la retrotraen a cuando cumplió los 13 años, antes, sólo recuerda un abuso cuando tenía 9 años en otro país.

El crudo testimonio de la niña-joven atravesaría por las historias íntimas, sórdidas, que detallaron sobre los abusos sexuales padecidos por aquel sujeto.

También ayer pasó a prestar declaración la pareja del padre de la víctima, que residía por esos años en otro país. La mujer recordaría la estadía de dos meses que la niña (cuando tenía 9 años) tuvo con ellos, tiempo que alcanzó también para advertir sobre las conductas “poco normales” de la chica. Que le costaba relacionarse con el resto, se auto agredía físicamente y, también, el impacto fue mayúsculo cuando también la vio masturbándose.

Un detalle nada menor dejó pasar la testigo a preguntas del fiscal, cuando la niña se recostó en la cama de su padre cuando éste descansaba y el propio progenitor notó que su hija la comenzó a abrazar con “otra significación” a la de una relación padre-hija. El padre la frenó y de inmediato consultaron a un profesional del país donde residían. El psicólogo le advertiría que si bien no era aconsejable atenderla frente al escaso tiempo de consulta que él podía tener con la niña, por las circunstancias descriptas cabía la posibilidad de que la niña era abusada. Elementos todos que ahora sirven al ministerio público para acusar al imputado y pedir condena en su debido momento.

Más precisamente ese momento será hoy, cuando se complete la lista de testigos citados por la defensa y llegue el turno de los alegatos, por el que se especula que el fiscal peticionaría una pena mayor a los 10 años.

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