28 de abril de 2011

Locales

Locales. El fiscal pidió 10 años de prisión para el acusado de abusar de su hijastra

En la mañana de ayer se reanudó el juicio oral y público contra un hombre acusado de violar en reiteradas oportunidades a quien era su hijastra, cuando ésta tenía 12 años, aunque por la historia relatada por la propia víctima -y así lo alegaría el fiscal- los abusos se remontarían a una edad más temprana, cuando apenas con seis años su madre haría pareja con el hoy acusado.

Tal se vino detallando en ediciones pasadas, la sórdida historia de una familia disfuncional, signada por la violencia dentro de las cuatro paredes iba a tener su corolario cuando la niña (hoy adolescente de 16 años) le contaría a su madre lo padecido por aquel hombre que, en definitiva, desde los seis años había cumplido el rol de padre.

Aquella desgarradora historia relatada en primera persona ayer resultaría el eje central de alegatos de la partes. Mientras que para el fiscal resultó una testigo creíble, verosímil, pidiendo en consecuencia 10 años de prisión para el acusado; la defensa pondría en crisis el testimonio y peticionaría la absolución de su representado.

Como generalmente ocurre en este tipo de casos, los elementos de prueba se fundan casi en exclusividad en el testimonio de la víctima. Este no sería la excepción, más allá de otros indicios que cimentaron el alegato acusatorio del fiscal Luis Piotti. Dichos indicios buscaron ser desacreditados por la defensa esgrimida por Carlos Kolbl, quien tras las desestimaciones pertinentes “atacaría” la credibilidad de los dichos de la menor.

Así, cerraría la etapa de prueba, no sin antes escuchar la larga declaración del propio imputado, que se dispuso a contar su versión y clamar su inocencia.

TESTIGOS

La jornada comenzaría con el comparendo de la psicóloga de la menor y luego los testigos aportados por la defensa, aquellos que intentaron poner en duda la veracidad de la historia relatada por la menor y su madre, instalando como hipótesis una denuncia montada desde el despecho de la madre y/o la furia incontenible de una irascible chica con síntomas patológicos que la llevaron a montar fantasías y fabulaciones contra quien desde el inicio de la relación se llevó mal.

Familiares y allegados al acusado, entonces, desfilarían frente al Tribunal para contar lo que ellos vivieron, percibieron, de aquella relación entre el presunto victimario y víctima.

Fue atentamente escuchado el testimonio de un primo del acusado -funcionario judicial- quien reconoció una unida relación con el hoy imputado.

Recordó el llamado de la madre de la menor, pidiéndole una entrevista para informarle sobre la denuncia que iba a hacer frente a la confesión de su hija. Reconoció su sorpresa por lo que ésta le contaría, como así también su descreimiento de que su primo hubiera hecho lo que la mujer acusaba. Incluso, se detendría en algunos detalles de la conversación que favorecerían la hipótesis de su primo, cuando dijo que la mujer le expresó que él tenía que pagar por lo hecho, a no ser que volviera con ella. Vale reseñar que al momento de la confesión de la menor la pareja se había separado de hecho.

También el letrado dijo que luego llamó a su primo y le contó lo que había escuchado, que estaba frente a un delito muy grave. Incluso código en mano le explicaría los alcances de la pena por semejante suceso. Allí -recordó- el primo estalló en llanto y luego negaría la acusación, a la par que éste le decía que si era verdad no quería verlo nunca más, que se tenía que ir no sólo de su vista sino del país.

Su primo lejos de escuchar la posibilidad, dijo que se iba a quedar a afrontar las consecuencias porque él era inocente y no tenía de qué esconderse.

En el mismo tenor declararían la hermana y cuñada del imputado. Trazando un panorama diametralmente opuesto al descripto por la denunciante y su madre, a propósito de la virulenta relación de convivencia que existía entre los tres.

También prestaría su testimonio una chica presentada como amiga de la víctima, quien en el curso de sus dichos dejó en duda la verdadera relación amistosa que dijo compartir. No obstante lo cual, contó alguna conversación grupal en la escuela donde concurrían en la que la menor había confiado que tenía relaciones sexuales con su novio. Dicho novio nunca fue reconocido -visto- ni por el grupo de compañeras, ni su madre ni el propio padrastro acusado.

LA ACUSACION

Ya transitando la tarde y sin solución de continuidad, sería el tiempo de los alegatos, no sin antes escuchar el largo testimonio del imputado.

El fiscal Piotti dedicaría sus primeros párrafos para trazar una lectura general, casi una mirada política sobre los casos de abusos que les toca afrontar, donde la defensa -arguyó- instala una teoría, una puesta en escena en la que la víctima termina quedando como victimaria. La denunciante se reconvierte en sospechosa. Para este caso puntual, la niña maltratadora, caprichosa, insolente, es la mentora de esta historia con el único propósito de poner tras las rejas a quien ejercía el rol de padre.

Precisamente aquellas características complejas de la personalidad, no son las posibles causas de lo que sufrió, sino las consecuencias de lo que se presenta como una falsa denuncia vaya a saber con qué intenciones.

El fiscal se preguntó y repreguntó sobre los motivos que llevarían a la menor a denunciar. Si fuera por el presunto despecho de la madre, no dejó de aclarar que ya se habían separado. Además, tenía que tener un poder tal de manipulación como para convencer a su hija de inventar una historia, cuando en el debate quedó demostrado que nunca supo, pudo, dominar la rebeldía de su hija.

El fiscal recordaría párrafos del testimonio de la menor, cuando ella reconoció su carácter difícil, una chica conflictiva, tópicos que los profesionales intervinientes corroboraron bajo su seguimiento científico.

También se tomó en que los dichos de la menor resultaron creíbles, espontáneos, sin tapujos a la hora de contar, incluso, la mala relación que tenía con su madre porque, por momentos, le echaba la culpa de lo que estaba sometida.

Por otro lado entendió que la menor cuadra en este tipo de casos, en los que la víctima tiene recuerdos seccionados y la develación de lo padecido se hace en forma circunstancial, casi accidental, tardía y progresivamente.

No dejó de mencionarse el aporte de los psicólogos y psiquiatras intervinientes, aporte científico que incluso buscó explicar por qué, a pesar de los abusos, la menor igual seguía viéndose con el presunto abusador y no contó antes lo que sufría. Tampoco dejó de mencionar que si no confesó antes tal vez era porque seguramente los abusos se remitían a cuando ella tenía seis años y recién con el paso de los años comenzó a darse cuenta que lo que su padrastro así estaba mal.

Anticipándosese a los argumentos defensistas, Piotti seguiría alegando y desestimando las declaraciones a favor del imputado, como la de los propios dichos del acusado, considerando que sus reacciones no se condicen con alguien que resultaba inocente.

Así, finalmente enumeraría que durante el 2006 a 2009 la menor había sido abusada en reiteradas oportunidades cuando tenía 12 años de edad, por lo que solicitó 10 años de prisión para el acusado de violaciones reiteradas agravadas por ser el encargado de la guarda de la niña, más los agravantes que hacían a la mendacidad del imputado y la pluralidad de los hechos ventilados.

LA DEFENSA

El defensor Carlos Kolbl, a su turno, arremetería con las apreciaciones del fiscal sobre el rol de la defensa (finalmente el propio Piotti pediría disculpas si había ofendido), para luego sí abocarse a intentar desestimar los elementos de prueba contra su pupilo.

El defensor aclaró que nunca se le cruzó por la cabeza acusar a la madre de pergeñar una historia tal, pero sí dijo estar convencido que los hechos denunciados no habían existido.

Tras cuestionar severamente el aporte y/o diagnóstico de los profesionales intervinientes, buscó poner en crisis el testimonio de la menor. Unica prueba concreta contra su defendido.

Para Kolbl, todo lo que surge en la causa surgió de una única fuente de producción, la menor, preguntándose así cuál creíble resultaba su relato.

Recordó que la psicóloga había hablado de una exaltación imaginativa, bipolaridad, por parte de la niña, plantando la duda en cuánto había de fantasía en los dichos de la hoy adolescente.

Para el defensor no hubo un correlato emocional en el testimonio en cuestión, resaltando que le pareció llamativa la tranquilidad con que la chica contó sus padecimientos, subrayando que en el único momento que se quebró fue cuando recordó la charla con su madre donde confesaría el presunto abuso.

No dejó de mencionar que los trastornos de conducta de la niña provenían de años antes a que su defendido apareciera en escena, lo que terminaría por concluir que la prueba resultaba insuficiente. No había certeza absoluta, y, frente a la duda, cabía la obligación de absolver a su representado.

La versión del imputado

Por más de una hora, el acusado se dispuso a contar su versión, clamando por su inocencia.

Hizo un pormenorizado raconto de su vida con su ex mujer y su hijastra, sin detenerse demasiado precisamente en lo que era objeto de acusación, los abusos.

Sí ante preguntas de las partes, negó rotundamente que haya tenido contacto con significación sexual con la menor, e incluso también negó las agresiones físicas y psicológicas que escuchó de la madre e hija. Reconoció que de vez en cuando, incluso a pedido de la madre, le pegó un sopapo por alguna actitud de inconducta o rebeldía frente a una chica problemática.

Habló de una relación normal, en la que la convivencia a veces se tornaba complicada, pero dentro de la rutina de cualquier familia y frente a una personalidad complicada que tenía la niña.

Más allá de la convicción en sus respuestas para con las preguntas del defensor, presentaría algunas grietas a preguntas del fiscal por determinadas reacciones que él tuvo cuando se enteró de la denuncia. Por ejemplo, no pedir explicaciones a su ex mujer antes de acudir primero a un abogado para que lo asesore.

Frente al por qué de la denuncia, se limitó a inferir que sería porque no se llevaba bien con la niña o, en todo caso, por un despecho de la madre, de quien se había separado y ella quería volver.

Comentarios

0

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Cargando comentarios...

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil