15 de marzo de 2011
Hace poco tiempo se cumplieron cinco años de aquella trágica mañana del 13 de febrero de 2006. Una mañana en la que al ambiente deportivo de la ciudad de vio sacudido por la peor noticia, la más inesperada. Ese día el gran atleta Marcelo Federico, fallecía tras ser arrollado por un auto mientras realizaba uno de sus entrenamientos matutinos.
Fue y es un dolor imposible de borrar, pero con el tiempo, la ciudad comenzó a enterarse que no sólo se había ido un atleta, de los mejores, sino que nos había dejado un hombre que a pesar de ser joven, no había parado de sembrar cosas importantes que aún luego de cinco años sus seres queridos, siguen cosechando.
Primero llego el monolito en la Rotonda del Lago, luego el cartel de madera con su nombre tallado en uno de los patios externos de la Escuela Normal y hace pocos días el emotivo acto en el que el Jardín 919 del Paraje Arroyo Seco fue bautizado como “Marcelo Raúl Federico”.
Con los chicos como principales protagonistas y la familia de “Perico” presente, se habló de los firmes valores que supo transmitir como profesor de educación física.
Desde el jardín se puso el lema “caminemos juntos exhibiendo el orgullo de su estirpe, su conducta, constancia, perseverancia y humildad”. Así es que lo veían todos los que lo conocían y es lo que más se extraña.
Valores que supo contagiar en cada entrenamiento, en cada carrera, a cada alumno y que perduran.
Claro que con “Perico” se fueron muchas cosas, pero son innumerables las que dejo y esa es una muestra de su humildad porque a pesar de ser el mejor duatleta de la ciudad y reconocido en todo el país.
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