21 de enero de 2011
“Yo lleve un moro de número
Sobresaliente el matucho
Con el gane en Ayacucho
Más plata que agua bendita
Siempre el gaucho necesita
Un pingo pa’ fiarle un pucho”
Así relata José Hernández, el comienzo de las desventuras del gaucho Martín Fierro, cuando es enviado en contra de su voluntad después de una leva a la frontera a combatir la incursiones de los pampas, nombrando un pelo de yeguarizo que junto al oscuro tapado que le quita al indio en el mismo relato, luego de darle muerte en duelo en medio del desierto, son los dos únicos pelajes descriptos por el autor en todo el libro, demostrando sin duda alguna, la predilección y aprecio que tenía el gaucho por los caballos de ese pelo los que siempre fueron considerados bravos pero muy mansos a la vez.
Fue famoso el de la silla de Urquiza o el de Facundo Quiroga, al cual se le atribuían poderes mágicos pues se decía que Facundo hablaba con él y este le anticipaba el resultado de la batallas en las que su dueño participaba.
“El moro es de acero”, decía Don Emilio Solanet, describiendo a los caballos de ese pelo como bravos y dóciles y siempre orgullo de su dueño.
La capa, es formada por una mezcla de pocos pelos blancos sobre muchos negros (a la inversa de los tordillos) los que producen un tono azulado semejante al del acero pudiendo ser moros claros u oscuros fenómeno que se produce al pelechar estos en primavera aclarándose notoriamente.
Al que se le entreveran algunos pelo colorados en algunas partes del cuerpo se lo denomina rosillo moro. El factor de arrosillamiento (rosillo y moros) es dominante y exige la presencia de ese pelo en alguno de los padres, para que el potrillo nazca rosillo o moro. Este factor actúa sobre todas las capas conocidas y tiene gran poder de transmisión, lo que resulta, obtener ese pelo con cierta facilidad. Sobre alazanes da alazanes rosillos o tostados rosillos, sobre el castaño rosillos colorados, zainos moros, rosillos claros, etc., sobre el del oscuro, moros con los diluidos de estos grupos, los gateados rosillos y lobunos moros, con el bayo clinas negras da moros con reflejos amarillentos a los que se los suele llamar moros bronceados.
El caballo moro puede ser: un, dos, tres o cuatro albo, lista, media lista, lista tuerta, media lista tuerta, manchado, media res, nevado, overo, pico blanco, plateado, pata overa, testerilla, rosillo, moro, claro, oscuro negro, malacara, estrella, cuarto negro, pampa, gargantilla, con fiador, corona blanca o negra, albino, botas con delantal, medias botas, cruzado, azulado, cabos negros, calzado, bien calzado, mascarilla, codillo blanco u overo, fajado, lunarejo, chiquizuela negra, trabado, zarco, etc..
En la foto que ilustra la nota vemos la cabeza de un hermoso moro negro de raza criolla luciendo un bozalejo de canebones de plata y hermosas riendas adornadas con bombas del mismo metal.
“Ombú que me das abrigo
¿Te acuerdas cuando venía
Bajo tu sombra María
A ponerte por testigo
De las llamas en que ardía?
¿Te acuerdas como bufaba
El moro lleno de brío
Al sentir que el amor mío
Con sus crines jugueteaba
Como con olas del río?
Mi caballo era mi vida
Mi bien, mi único tesoro;
¡Indio, vuélveme mi moro
Yo te daré mi querida
Que es luciente como el oro!
Con este verso de la endecha del gaucho de Don Juan María Gutiérrez cierro esta nota esperando que haya sido del agrado de Uds., un saludo y hasta la próxima.
Correo de Lectores abierto.
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