9 de mayo de 2026
El Padre Andrés, más conocido como 'el Cura Runner' es párroco en Nuestra Señora del Rosario y en la Capilla Nuestra Señora de Loreto en la Movediza y capellán de cárcel. También, es uno de los organizadores de algunos grupos que irán a la procesión a Luján que se realizará en octubre y con esa excusa fuimos a conocerlo. Pero, por esas cosas que tiene La Lupa Random, terminamos hablando de la humanización de los sacerdotes, de la vida como un camino de procesos de autoconocimiento, de amor, de crisis y del desafío de militar la fe en tiempos de desesperanza.
por
Lorena Medina y Florencia Pendas
Del barrio de Villa Italia, Andrés Pérez estudió en las
escuelas 25, 56 y en la Técnica. Después hizo la licenciatura en Teología y lo
ordenaron sacerdote el día en el que falleció el Papa Juan Pablo II (2 de abril
del 2005). Estuvo en Roma en la época de Benedicto y también cuando asumió el Papa
Francisco.
Si bien, el Padre Andrés ya lo venía haciendo, la semilla
sembrada por el Papa Argentino lo invitó a continuar más fuertemente por ese
camino de acercamiento con la gente y una de las muestras de fe más impactantes
en nuestro país, es la procesión a la basílica de Luján, que para él, es,
además, una especie de 'vuelta a casa'.
"Luján es un lugar en el que me siento cómodo, es donde
realice mi diaconado. En las peregrinaciones soy muy feliz, ser parte del
pueblo caminando hacia la madre con intenciones, peticiones, agradecimientos,
promesas. Lujan tiene esto del encuentro del hijo con la madre, es una experiencia
fuerte, movilizadora", cuenta emocionado y agrega algunos datos sobre la procesión
de éste año. "Ya se completaron tres colectivos y caminaremos desde Moreno
hasta Luján (unos 45 kilómetros)".
Todos los días desde hace más de 20 años, el Padre Andrés
escucha, acompaña, es testigo de cada proceso de la gente que acude a él y en las
caminatas a Luján puede ver y sentir cada manifestación de la fe del pueblo
cristiano. "Uno ve cómo esa madre recibe a todos, al que está bien. Al que está
mal, también a aquellos que están rotos por cosas de la vida, situaciones difíciles.
Yo como pastor veo a la persona, pero también veo su dolor, su carga, su
esperanza. Hay gestos pequeños pero muy profundos en esas miradas, que uno las
puede ver diariamente, pero que en la llegada a la basílica se reproducen por
miles".
Al Padre Andrés se lo puede definir como una persona
inquieta y transparente, que se acerca a la gente y que no tiene temores de mostrarse
como, lo que al fin y al cabo es, un ser humano.
"Me gusta mucho la misión, soy capellán de cárcel hace 18 años, siento que no hay que esperar que las personas vengan sino acercarse, salir al encuentro, en las calles, en los centros barriales. Están las celebraciones en el templo, por supuesto, pero me hace muy feliz hacer esas salidas a encontrar a los hermanos para acompañar, estar, caminar juntos. A partir de Francisco, tenemos esta visión más humana, cercana. Él fue el Papa que nos invitó a encontrarnos como hermanos, saber que todos tenemos un lugar importante. Dialogar, trabajar juntos, en este mundo que hoy nos presenta violencia, guerras, competencias, grietas, es aquí donde tenemos que sembrar esperanza", menciona.

"La gente no la pasa bien por diferentes cosas y uno ve como cierta tristeza, desanimo, resignación. Es un desafío sembrar esa esperanza, pero se puede, el mundo lo necesita, las personas emprenden una gran búsqueda espiritual. Y no sólo en lo católico, sino en otros cultos u otras filosofías, la gente busca esa esperanza, esa fe tan necesaria".
Es ahí, en esa frase en la que siento que este Cura de
doble ciudadanía ("de Tandil y de Villa Italia") abre una puerta que, nos conduce
a algo más que hablar de religión. Da cuenta de la necesidad de respuestas a
nuevas preguntas y de atención a requerimientos que el ser humano daba por
sentado, pero que hoy demanda con urgencia (aún sin darse cuenta), el encuentro
sin etiquetas, ni prejuicios que nos diferencien.
"En un mundo que parece tan comunicado, con las redes y demás,
hay mucha soledad, muchas angustias, preocupaciones, desesperanza, creo que ahí
es donde estamos llamados a ser un signo de esperanza, dar testimonio de la fe
de Dios. A veces buscamos a Dios afuera, pero hay que buscarlo dentro nuestro.
Es el camino más difícil, ir al corazón en lo profundo, a Dios lo encontramos más
cerca de donde creemos. Tenemos que entrar en nosotros, nuestra historia; es
doloroso porque estamos llenos de ruidos, de defensas que nos vamos poniendo y
entrar ahí implica desarmar, desistalarse, salir de la zona de confort y
reconstruirse. Entrar en uno significa darle un sentido distinto a eso que hoy
me puede estar pasando, inclusive en el dolor. Y en ese ir hacia adentro, también
ver al otro. El bien común, la consciencia social, aprender a escucharse para
escuchar al otro".
"Para los católicos, hay un ejemplo que daba Jesús cuando
estaba predicando en la barca, invitaba a no quedarse en la orilla sino ir a lo
profundo, bucear en nuestras partes oscuras, miedos, autoexigencias,
imposiciones. Es ahí, yendo al fondo donde podemos empezar a sanar siempre
sintiendo esa fe, no como una idea abstracta, sino teniendo la fortaleza de
saber dónde está puesta nuestra confianza."
Al escuchar esta invitación al autoconocimiento, la autocrítica
y teniendo en mi cabeza la idea que planteó al principio sobre la humanización
de los sacerdotes, se me hizo imposible no preguntarle al Padre Andrés, acerca
de su vida como sacerdote y si alguna vez había puesto en duda ese camino. Una
vez más me sorprendió no sólo con el contenido de su respuesta, sino la
naturalidad (que celebro) con la que respondió.
"¿Crisis decís? Uff...En la vida de cualquier ser humano
hay crisis, momentos personales, de oscuridad, hasta la misma fe flaquea,
sentir esa aridez espiritual y es en esos momentos donde más creces, porque elegís
desde el amor, la libertad. Yo ya no tengo temor de mostrarme humano, con todas
las luces y sombras que tiene un ser humano. Tal vez venimos de una formación en
la que había que verse como un ente divino, pero soy una persona que tiene noches
en las que pongo la cabeza en la almohada y lloro, que se hace preguntas porque
duda. Que tiene proyectos, sueños, que se equivoca".
Con esta misma claridad, el Cura Runner habla de la diferencia
entre la vida religiosa y la vida espiritual y como en cada párrafo de esta
nota, deja una invitación hecha para quien le resuene. "Uno puede tener una vida
religiosa y faltarle vida espiritual. La primera es ir a misa, participar en la
institución, cumplir con las normas, digamos; pero hay algo mucho más profundo
que es la fe. Alguien puede venir y ser un perfecto religioso, pero después, no
puede mirar al otro con empatía, desde el lugar que ocupa, por ejemplo, si es
un empleador maltratador." Como la teoría y la práctica, la coherencia entre lo
que sentimos, decimos y hacemos.
El deporte, como camino de aprendizaje
Después de dejar el fútbol, se preguntó qué deporte podría
hacer y en el atletismo descubrió algo más que una actividad saludable. "Uno de
los profes me decía, 'Andrés cuando uno corre también aprende a escucharse, le
pone atención al cuerpo, a sus sensaciones, conoces tus propios límites'. Y como
en la vida, todos son caminos de aprendizajes. La perseverancia, los objetivos,
proyectos, sueños, cambios de clima, de paisajes. Trabajar la disciplina, valorar
los logros, hacer análisis, la autocrítica, todo eso tienen en común la vida
espiritual y el deporte", dice el Padre Andrés, que como dato de color recuerda
que alguna vez había hecho atletismo en la Quinta La Florida, a donde lo
llevaba su mamá en bicicleta cuando ella salía de trabajar en Kafka.
Militar la fe en la cárcel
Andrés es capellán en la cárcel de Barker y también acompaña en otras unidades como la 52 donde hay mujeres. "Me gustó siempre, ayudar y hacer el bien. Mi sacerdocio está
marcado por eso, tal vez por eso hoy mi apostolado más fuerte es en la cárcel,
en un contexto complejo, vulnerado; yo me siento llamado a ese lugar a generar
cambios, abrir caminos, llevar esperanza. Es como la periferia de la periferia,
son personas que están absolutamente rotas". Y en ese intento de reconstrucción
hay un primer paso, que según menciona Andrés es "la escucha activa, después son
procesos. Estando allí uno ve cómo algunas personas se van y vuelven, entonces también
es un lugar de alta frustración y es importante trabajar en esa fortaleza. Una
palabra que se escucha mucho en ese contexto de encierro es el perdón. El perdón
humano, el social y el de Dios".
La procesión y la preparación espiritual
"Para la procesión uno aconseja que la gente vaya
preparada para caminar tantos kilómetros, que se hagan chequeos, pero también a
prepararse espiritualmente. Sentir en nuestros corazones, las motivaciones por
las que uno va, las intenciones que a uno lo llevan a este camino", cuenta.
Para aquellos que estén interesados en saber más sobre el
Padre Andrés y el viaje a Luján, lo encuentran en Instagram como @cura_running
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