6 de marzo de 2026
Después de años de deterioro y mantenimiento insuficiente, la Gruta de Lourdes inicia un proceso de recuperación propulsado por empresarios y representantes de la comunidad marplatense.
En el corazón del puerto de Mar del Plata, donde la ciudad cambia de ritmo y el murmullo del mar se mezcla con promesas en voz baja, la Gruta de Lourdes sigue siendo uno de los santuarios más visitados de la ciudad. No es solo un espacio religioso: es una postal urbana cargada de historia, identidad barrial y memoria afectiva.
Pero el paso del tiempo dejó huellas
visibles. Filtraciones en los techos, deterioro estructural y problemas
eléctricos afectaron tanto el predio como uno de sus mayores atractivos
históricos: la tradicional Ciudad de Belén y el pesebre gigante con figuras
móviles.
Frente a ese escenario, un grupo de
empresarios marplatenses decidió intervenir para evitar que el deterioro
avance. La iniciativa es encabezada por el empresario Florencio Aldrey, quien
junto a otros referentes del sector privado impulsó una colecta que ya permitió
reunir una importante suma de dinero para destinar a los trabajos previstos.
En ese marco, la representante legal del
santuario, la hermana Miriam Medina, acompañada por la abogada Silvana Dulin,
recibió formalmente los fondos, que serán destinados a solventar parte de los
trabajos más urgentes.
Se estableció que los costos principales de
la reparación de los sectores dañados del techo tanto en la Capilla como en
Ciudad de Belén, y las tareas de carpintería, serán afrontados por Aldrey junto
a Luis Barrionuevo. Además, distintas empresas y representantes de entidades
locales se sumaron con colaboraciones específicas. A la vez, Valen Pinturas
aportará materiales para la restauración de los bancos del predio y se realizarán
trabajos de carpintería en sectores dañados.
Entre las tareas que ya comenzaron, se
encuentra el hidrolavado de distintas instalaciones, un paso inicial para
recuperar superficies afectadas por la humedad, el paso del tiempo y la
acumulación de suciedad. También se gestionan beneficios para aliviar el
impacto del consumo eléctrico, uno de los gastos estructurales más
significativos del predio.
La puesta en valor integral del sistema eléctrico de la Ciudad de Belén y del pesebre estará a cargo de Daniel Consorti, quien realizará la renovación y adecuación de las instalaciones para permitir que las tradicionales figuras móviles vuelvan a funcionar plenamente. Si los plazos se cumplen, en pocas semanas ese sector emblemático podría recuperar su movimiento y su brillo característico.

Entre otras acciones, se le devolverá el
brillo a la histórica Ciudad de Belén, un espacio que forma parte de la memoria
espiritual y afectiva de generaciones de marplatenses.
Entre otras acciones, se le devolverá el
brillo a la histórica Ciudad de Belén, un espacio que forma parte de la memoria
espiritual y afectiva de generaciones de marplatenses.
Un
rincón francés en el sur marplatense
La gruta fue inaugurada en 1941 como
réplica del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, el sitio donde, según la
tradición católica, la Virgen se apareció a Bernadette Soubirous en 1858.
La iniciativa local estuvo vinculada a la fuerte presencia de la comunidad portuaria -con raíces italianas y españolas- y al auge de la devoción mariana en la Argentina de mediados del siglo XX. La elección del lugar no fue casual: una loma natural rodeada de vegetación que permitía recrear el clima de recogimiento del santuario francés.

El empresario Florencio Aldrey y la representante legal de la Gruta de Lourdes, la hermana Miriam Medina, durante el encuentro.
Desde entonces, la Gruta se convirtió en
punto de peregrinación constante. Cada 11 de febrero, Día de la Virgen de
Lourdes, miles de fieles participan de misas y procesiones. También es
tradicional la celebración del Día del Enfermo, ya que la advocación está
asociada a la salud y la sanación.
El
recuerdo de las figuras en movimiento
Si la Gruta consolidó la dimensión
espiritual del lugar, la Ciudad de Belén aportó durante décadas un componente
cultural y familiar que amplió su convocatoria.
El pesebre de gran escala, con
construcciones que recrean escenas bíblicas y figuras mecánicas en movimiento,
fue durante años una cita obligada en cada Navidad y lógicamente durante el
resto del año.
Generaciones de marplatenses recuerdan las
visitas nocturnas, los niños observando los mecanismos en funcionamiento y la
sensación de estar frente a una pequeña ciudad iluminada que cobraba vida.
Con el paso del tiempo, la falta de
mantenimiento y los problemas eléctricos obligaron a reducir su funcionamiento.
El deterioro fue apagando lentamente uno de
los íconos más entrañables del predio. La intervención actual apunta justamente
a revertir ese proceso.
Quien recorra la Gruta encontrará placas de
mármol, fotografías, rosarios y cartas manuscritas. Son testimonios silenciosos
de promesas cumplidas, operaciones exitosas, trabajos conseguidos y crisis
superadas.
El santuario funciona como un espacio de fe
a cielo abierto, pero también enfrenta tensiones propias de su ubicación
urbana: vandalismo aislado, problemas de seguridad y la dificultad de sostener
económicamente un predio amplio que requiere mantenimiento permanente en
senderos, iluminación y estructuras.
A lo largo de los años hubo campañas solidarias y trabajos de restauración parciales. Sin embargo, el desgaste estructural evidenció la necesidad de una intervención más profunda, que hoy comienza a tomar forma con el aporte del sector privado.

Recuperar
algo más que un edificio
La movida no solo apunta a reparar techos o
renovar cableado. En el trasfondo aparece la intención de preservar un símbolo
que forma parte del paisaje emocional de la ciudad.
En una Mar del Plata acostumbrada a medir
su pulso por la temporada turística y los vaivenes económicos, la Gruta
representa otra dimensión: la de la espiritualidad persistente, incluso en
contextos de crisis.
Mientras cambian gobiernos y coyunturas, la
imagen de la Virgen permanece en su nicho de piedra. Cada vela encendida
renueva un ritual que atraviesa generaciones.
Si las obras avanzan como está previsto, la
Ciudad de Belén volverá a iluminarse y sus figuras móviles recuperarán el
movimiento que tantos recuerdan. Será, para muchos, algo más que una
restauración: la recuperación de un pedazo de memoria colectiva.
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