19 de marzo de 2011
Quienes hacen un culto de vida el trabajar la tierra y residen en ella festejan hoy el día del campo. Así como la educación, la salud y la seguridad, el campo y su producción resultan un elemento imprescindible para el crecimiento de un país serio, con recursos propios y fuentes de trabajo dignas.
Aún así, este sector ha estado durante muchas décadas relegado a un segundo plano en las prioridades de las gestiones gubernamentales, aunque ha servido como motor para palear crisis a través de fuertes cargas impositivas o cambiarlas. La histórica y desigual distribución y acceso a las tierras ha sido suficiente para marcar un retroceso en las posibilidades de una verdadera democracia y justicia social.
La historia arranca desde nuestros aborígenes, verdaderos conocedores del culto a la tierra, pasando por aquellos inmigrantes europeos que hacia fines del siglo XIX la trabajaron para autoabastecerse y lograron sobrevivir en un lugar desconocido, dejando atrás un pasado de interminables guerras e inestabilidad; desde todos ellos, hasta nuestros productores contemporáneos que con el éxito han logrado superar las barreras impuestas por las políticas gubernamentales nacionales e internacionales y han hecho de su producción una empresa.
Todos y cada uno de ellos soñaron con un futuro próspero de trabajo y estabilidad. Por eso mismo ellos son elementos claves en el momento de pensar en un futuro común, con justicia, bienestar y posibilidades para todos.
Porque son parte de nuestro pasado y porque construyen día a día el porvenir del país, desde aquí se saluda a todos los que viven de y para el campo.
Adhieren al Día del Campo, saludando a clientes, colegas, proveedores y amigos.
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