13 de abril de 2011

Deportes

Deportes. Independiente terminó con la sensación que se podría haber llegado más lejos

La caída en Viedma ante Alianza del pasado fin de semana significó la despedida de Independiente de la temporada 2010/2011 de la Liga Nacional B de básquet. El rojinegro fue de menor a mayor a lo largo de una campaña en la que los jugadores tuvieron que adaptarse a un cambio de entrenador. La salida de Carlos Zulberti, cuando empezaba la B2, le permitió a Marcelo Macías, su asistente, quedar en el cargo de entrenador.

A lo largo del torneo, Independiente tuvo una localía inexpugnable. Ganó en los once partidos que se presentó en el polideportivo Duggan Martignoni. Cuando le tocó jugar de visitante también lo hizo muy bien, a tal punto que cosechó victorias muy importantes que le permitieron ser protagonista en la fase regular y quedar muy cerca de clasificar a la B1.

El plantel que se conformó para este año, con un gran esfuerzo de los dirigentes y el visto bueno del cuerpo técnico, estuvo a la altura de las circunstancias. Juan Manuel Ruiz, de gran trayectoria en el básquet nacional, fue de menor a mayor y se convirtió en uno de los pilares. Leandro Mateo, además de ser la grata revelación de los tandilenses, terminó siendo el mejor jugador de la campaña.

Otro deportista que creció y se consolidó fue Alejandro Arca. Luego de haber jugado el Torneo Provincial con Estudiantes de Olavarría, el juvenil regresó a la entidad rojinegra y mostró carácter, mejoras en su juego para terminar sumando varios minutos en cotejos definitorios.

Independiente tuvo variedad en la base y también de estilos. Lisandro Caniza comenzó siendo el titular, luego una lesión lo marginaría y en los partidos finales no tuvo tanta continuidad. Igualmente el tucumano aprobó en su incursión por Tandil. Emmanuel Hartstock alternó buenas y malas en este certamen pero demostró su experiencia en momentos que el equipo lo necesitó. Mientras que Guillermo Rausch insinúo más de lo que pudo concretar.

Mientras que Bruno Romano tuvo intervenciones muy valiosas en algunos tramos del juego que le permitieron a Independiente recuperarse. Martín Trímboli tuvo un bajón en su rendimiento, a mitad de la temporada, pero le aportó su cuota de sacrificio, tanto en defensa como en ataque. Por su parte, Valerio Andrizzi no pudo terminar de consolidarse.

Su aporte, por momentos, a partir de su experiencia, fue bien capitalizado pero no tuvo la regularidad suficiente. Tal vez se entienda esta situación a partir de que con el cambio de técnico tuvo que dedicarse más a defender que a jugar.

Este torneo les dio la posibilidad a distintos jugadores juveniles de ir tomando mayor rodaje. Lanusse, González, Barroso, Gutkin y Carabajal fueron algunos de los elementos que sumaron entrenamientos, partidos y viajes que serán inolvidables. Algunos de ellos tuvieron la suerte de jugar algunos minutos. Ellos son parte del futuro del rojinegro.

En lo que tiene que ver con el cuerpo técnico. Carlos Zulberti tuvo todo a su disposición, asistentes, preparador físico, dirigentes que estaban para todo lo que hiciera falta y un plantel de jerarquía como había pedido. El cansancio, aunque quizás el factor de no haber podido entrar a la B1, terminaron con su ciclo.

La llegada de Marcelo Macías era toda una incógnita en lo que sería su primera vez como entrenador en Liga Nacional. El olavarriense se basó en un sistema defensivo que fue un elemento para dar batalla y consolidarse en la categoría. Su trabajo contó con la cooperación de un plantel que lo recibió muy bien.

Tal vez en el cierre de la campaña, se vieron algunas falencias que pueden surgir a partir de su inexperiencia como fue trabajar los partidos pensando en el rival y no potenciar el material que tenía en el rojinegro. Igualmente su trabajo no sufrió fisuras y sirvió para cambiar de aires, después de varias temporadas con Zulberti como técnico.

Los dirigentes, que aprendieron de algunos errores del TNA, volvieron a estar a la altura de la situación. Formaron un plantel muy interesante, mantuvieron conformes a los jugadores e hicieron todo lo posible para que este proyecto continuara.

Sin dudas que la clave de este proyecto que, pese a que el resultado final no fue el esperado, fue la unión que existió en todo momento entre la dirigencia, cuerpo técnico y jugadores. Por ese aspecto tan importante en cualquier estructura deportiva el equipo tandilense se metió entre los mejores 8 del certamen. Lo negativo de esta campaña fue el escaso acompañamiento por parte del público que, pese a que se conseguían grandes triunfos como local, no se dio cita en el número esperado al polideportivo Duggan Martignoni.

Independiente cerró una campaña que fue por demás positiva. Igualmente queda la sensación que se podría haber llegado más lejos. Ahora será el tiempo del análisis y la autocrítica pero el rojinegro ya conoce el camino para volver a intentarlo en la próxima temporada y poder luchar por conseguir el ascenso a la segunda categoría del básquet nacional.

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