2 de mayo de 2011
BUENOS AIRES.- La Iglesia reivindicó ayer el reclamo por un empleo digno y bien remunerado, en un contexto que definió de "injusticias sociales", y condenó las situaciones de "trabajo esclavo" y la escasa retracción de la informalidad laboral y el trabajo infantil, al saludar a los trabajadores en su día.
El vicepresidente segundo del Episcopado, arzobispo José María Arancedo, consideró que el Día del Trabajador es "una fiesta con raíces de justa reivindicación, que nace en un contexto de injusticias sociales" y señaló que "este día se busca valorar y defender la persona y los derechos del trabajador".
El prelado insistió en advertir que "la falta de trabajo, la desocupación es, por lo mismo, la mayor pobreza tanto material como espiritual del hombre", y alentó a "estudiar y hacer realidad el rico magisterio en el campo social" del flamante beato Juan Pablo II.
En tanto, el obispo Jorge Lozano, responsable de la Pastoral Social del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), advirtió que "la dignidad humana no es respetada sin acceso a un trabajo remunerado con justicia".
El diocesano de Gualeguaychú expresó, además, "dolor" por las situaciones de "trabajo esclavo" que padecen "grupos de hombres que viven bajo chapas o en otras condiciones infrahumanas para levantar cosechas" o son "explotados en talleres textiles clandestinos".
"La avaricia, el anhelo de lucro como sea, hace que esté primero el dinero antes que la dignidad humana. Una seria perversión de la economía", aseveró Lozano.
En tanto, el Sector de Trabajadores (SETRAC) de la Acción Católica Argentina (ACA) dijo "compartir las alegrías y las angustias de todos sus hermanos trabajadores y de sus familias" en su día, y manifestó "cercanía especial con aquellos que soportan condiciones precarias de trabajo, lo que les imposibilita tener una vida digna y plena".
La organización laical señaló algunas de las causas que, a su entender, provocan "un "escenario desigual e injusto" para los trabajadores, y aseguró que "en la puja sectorial por el reparto de los ingresos generados por la actividad económica, son los trabajadores los que reciben la porción menor, en especial aquellos que por trabajar en la informalidad están desprotegidos de los convenios colectivos, y de la previsión social".
La Pastoral Social de la arquidiócesis de Córdoba recordó a los sindicatos que su cometido "no es hacer política" y consideró que "las exigencias sindicales no pueden transformarse en una especie de "egoísmo" de grupo o de clase, por más que puedan y deban tender también a corregir incluso todo lo que es defectuoso en el sistema de propiedad de los medios de producción o en el modo de administrarlos o de disponer de ellos".
La Iglesia cordobesa animó, además, "a seguir construyendo actitudes como la cultura del trabajo, la promoción del empleo y la creación de más y mejores puestos de trabajo, y la especial atención a los jóvenes muchas veces castigados por la ignorancia, la droga y la desorientación.
El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, bendijo hoy una imagen del Cristo Obrero de los Trabajadores que fue emplazada en el ingreso a la parroquia Cristo Obrero y San Blas, del barrio porteño de Villa Soldati.
La obra, del artista plástico Alejandro Marmo, fue realizada en conjunto con obreros de una fábrica de Vicente López, y construida con rezagos industriales sobre durmientes de trenes.
Por su parte, el arzobispo de Paraná, Juan Puiggari, presidió una misa en la catedral Nuestra Señora del Rosario, y bendijo a los trabajadores y a las herramientas y elementos que se utilizan a diario para la realización de los trabajos, como máquinas y vehículos.
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