26 de agosto de 2011

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. La Riña de Gallos

Entre todos los entretenimientos al que se aplicó nuestro hombre de campo aparte de las carreras de caballos o los naipes, también se aficionó a las riñas de gallos.
En feriados festivos o simplemente en ratos de ocio el gaucho dilapidó tiempo y fortuna en este cruel pero popular espectáculo, donde gallos y galleros mostraban su coraje, los primeros para vencer en feroz combate y la habilidad de los segundos para preparar al combatiente para que llegara a la arena en la mejor forma posible.
Se los encerraba en jaulas de caña de junco, con una única compañera que era lo permitido. Llevaba una dieta alimenticia severa y con regimenes dietéticas estudiados, procurándole alimentos suculentos que fortalecieran sobre todo su fibra muscular, no permitiendo que posea ni un gramo de gordura que lo haría débil y flojo.
Semanas y hasta meses llevaba esta preparación, hasta que el gallo estaba “compuesto” o sea en condiciones de luchar en el reñidero, verdadero teatro que pagaba un derecho al gobierno y en el que debían exhibirse unas tablas en las que se escribían las leyes gallescas.
Luego del pesaje del ave se buscaba el contrincante de su equivalencia y usando sus espuelas naturales o colocándoseles postizas de latón o plata, se los enfrentaba en manos aún de los galleros, provocando su agresividad natural para luego ser soltados y confrontados a su suerte, valor y baquía, hasta que la muerte de uno de los dos daba por finalizado el encuentro pasando entre los presentes el dinero de una mano a otra, según el destino de las apuestas.
Se consideraba derrotado a un gallo también en el caso de ser despicado, sangrando y tal vez bizco o ciego por las heridas, cantar en la arena, tal vez pidiendo socorro a sus compañeras de corral, lo que causaba risa en algunos e ira en el gallero, comprobando la cobardía de su crédito, al tener que soportar las más de las terribles derrotas, sobre todo en su orgullo.
Era sorprendente ver como la gente de campo y también de cerca de las ciudades o pueblos que se fueron formando, como asistían a esta bárbara distracción en el que se jugaban cifras enormes de dinero y hasta más de una estancia habrá cambiado de dueño a manos o mejor dicho a pico y espuela de algún overo, giro o colorado que eran los colores más comunes de estos pequeños gladiadores, que hacían de este juego feroz, un pasatiempo del hombre de campo y luego del pueblero, costumbre que como la mayoría fue traída de Europa y luego prohibida por la ley dado su carácter sangriento y porque también infringía leyes de juego clandestino , puestas en ejecución a fines del Siglo XIX, aunque siguieron existiendo por muchos años con el consentimiento de las autoridades policiales, que como en muchas otras leyes de juego hacían la vista gorda, permitiendo la práctica de esta antigua como despiadada actividad.
En la ilustración que acompaña la nota vemos un excelente dibujo de Tito Saubidet, extraída del “Refranero Criollo” de 1943.
Bueno amigos, espero les haya gustado la nota, un saludo y hasta la próxima. rincóntradicionalista@hotmail.com

Comentarios

0

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Cargando comentarios...

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil