27 de febrero de 2011
Como se informó en ediciones pasadas, un nuevo informe periodístico capitalino se hizo eco de las denuncias de un grupo de familias que se autoproclaman víctimas de abuso sexual en Tandil y ,con una extensa difusión del delicado asunto, colocó a la ciudad y, principalmente a sus actores judiciales, en un halo de sospecha inédito.
Ayer había sido el diario La Nación, y ahora en una sus últimas ediciones la revista Noticias, quien bajo un similar tenor se explayó sobre abuso sexual infantil, con un par de testimonios que propone colocar a Tandil como un escenario delicado, complejo, en la materia. Habla -así reza el título de la nota- del “Tandil que no miramos”, y denuncia “acumulación de expedientes judiciales y pocas condenas”, como así también “amparo político y desidia”.
Precisamente la denunciada acumulación de expedientes y “pocas condenas” en lo que presume una desidia intencionada, no se condice con los hechos. A saber, según información que este Diario pudo obtener de los estrados judiciales vernáculos, sino echa por tierra semejantes afirmaciones periodísticas y las respectivas denuncias del grupo de familiares con sus abogados y psicóloga común a cuestas, ponen en serios aprietes el presunta desidia judicial.
Dijo la nota capitalina que las familias denunciantes se unieron bajo “la angustia y la impotencia por una Justicia local que deja a los niños en contacto con sus presuntos abusadores y no avanza la condena de los adultos”.
Se alude a 26 casos (en la anterior publicación se habla de una quincena) denunciados que evidencian “una serie de irregularidades”, como “la demora en la investigación, la no realización en tiempo y forma de las pericias físicas y psicológicas a las víctimas y el archivo de las causas pese a la contundencia de las pruebas”. A esta se suma -añade la publicación- “amenazas a los familiares y sanciones a los profesionales que intervienen en los casos”.
LAS CIFRAS OFICIALES
La Voz accedió a números concretos, oficiales, de todos los casos que las distintas fiscalías han trabajado del 2005 a esta parte, dejando en evidencia, más allá de las legítimas críticas que podrán tener los involucrados en las respectivas causas, que las instrucciones se cumplieron en tiempo y forma, con un elemento mucho más sustancial aún, en la gran mayoría de los casos llevados a juicio hubo condena de parte del Tribunal Criminal Nº1.
Si bien aún no se logró recabar estadísticas del mismo tenor de juzgados de ciudades de similares características poblacionales que Tandil, es vox populi en el ambiente judicial que Tandil contaría con el “privilegio” de ser el más expeditivo en comparación con otros judiciales.
Se trata de cifras, estadísticas, aunque nadie debiera dejar de lado que detrás de cada causa, expediente y su respectivo juicio, hay víctimas, y lo que resulta más sensible aún, ellas son menores de edad.
En concreto, en el año 2005, la justicia penal local contabilizó siete causas por abuso sexual. Todas tuvieron un veredicto condenatorio. Las instrucciones se iniciaron un año anterior (2004).
En el 2006, la estadísticas registran cinco causas elevadas a juicio que remiten a instrucciones iniciadas en el 2003, 2004 y 2005, de las cuales los jueces emitieron una sentencia condenatoria en tres causas y dos absoluciones (por delitos caratulados como corrupción de menores y estupro).
De los juicios protagonizados en el 2007, se debatieron cuatro causas, tres tuvieron condena y una culminó con una extinción de acción.
Para el 2008 se contabilizan cuatro causas elevadas a juicio, todas tuvieron condena.
En el 2009, siete instrucciones tuvieron su audiencia oral y pública. En una se registró una excusación, las demás tuvieron un fallo condenatorio.
Ya el año pasado (2010), se evidencia un notable incremento de causas instruidas en las distintas fiscalías que fueron elevadas a debate oral y público. Más precisamente 16 causas arribaron a juicio, que remiten a denuncias que datan en su mayoría como máximo de dos años atrás. Todos los casos tuvieron un fallo condenatorio para quienes estaban en el banquillo de los acusados.
LECTURAS
En síntesis, se puede resumir en que el 93 por ciento de los causas citadas tuvieron una sentencia condenatoria de parte de los jueces que les tocó presidir la audiencia en los respectivos debates en que el ministerio público acusó y la defensa hizo lo suyo.
De las tres causas que registran una absolución en esta estadística, una devino de una extinción de la causa porque el acusado fue declarado en rebeldía (se fugó y nunca fue hallado). Otra, se trató de un estupro que, una vez en el juicio, para criterio del Tribunal no se comprobó el abuso, sino que se trataba de una relación sentimental consentida por la presunta víctima, relación por la cual tuvieron un hijo. La tercera causa que el imputado fue absuelto se remitió a una instrucción (investigación) de un departamento judicial foráneo, por lo que se debiera quitar responsabilidad al circunstancial fiscal que le tocó protagonizar la acusación en el respectivo juicio.
El relevamiento oficial invita a varias lecturas e interpretaciones, pero claramente deja al descubierto que la promocionada desidia no es tal.
Se evidencia claramente un notable incremento de denuncias por este tipo de delitos y así lo reconocen desde las respectivas fiscalías. El repaso de 2005 a la actualidad demuestra que los casos se han incrementado y la pregunta es ¿por qué?.
Vale aclararlo, los propios actores judiciales se lo preguntan e intentan ensayar respuestas. Varios aluden a que precisamente frente a la cantidad de casos con desenlace condenatorio “invita” a promover denuncias que, factiblemente, antes no se realizaban por temor, desconfianza y/o desconocimiento.
También la difusión mediática de dichos juicios y sus respectivos resultados, alimentarían esta hipótesis.
No habría que dejar de lado la intervención de muchos actores que como nunca están atentos en lo que se conoce como violencia doméstica. Principalmente desde el Estado, con trabajadoras sociales diseminadas en los barrios, trabajadores de la educación, médicos, se muestra alertas a una situación que años atrás podría pasar desapercibida o estar oculta. Difícilmente se considere que ahora hay más abusadores y abusados que antes. Ahora hay más conciencia e información del flagelo y se denuncia.
Lo que está claro que todo lo expuesto contradice la afirmación del “Tandil que no miramos” como ocurrentemente tituló el informe periodístico capitalino, como también relativiza, y mucho, la denuncia de la presunta desidia que livianamente se acusó.
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