30 de marzo de 2026
Santiago Calvo, impulsor de este espacio que alberga más de 4.800 piezas históricas, busca transformar el museo en un lugar plenamente accesible mientras continúa su incansable labor de "malvinización".
En la pequeña localidad de Gardey, partido de Tandil, existe un lugar donde el tiempo parece detenerse para honrar la memoria argentina. El Museo Malvinas, nacido de la pasión personal de Santiago Calvo, se ha convertido en un referente ineludible para quienes buscan comprender la historia profunda del Atlántico Sur. Lo que comenzó como una colección privada de cuadros y aviones en el living de una casa, hoy es un espacio de acceso público y gratuito que custodia piezas únicas en el país.
Un origen marcado por
la historia
La chispa que dio vida a este proyecto se encendió el 19 de
marzo de 1982, tras los incidentes con obreros civiles en las islas Georgias
del Sur. "Ese día me produjo una explosión interior", relató Calvo, en
diálogo con "Sin Pelos en la Radio", de AM1560. Desde entonces, volcó su vida a
profundizar en el tema Malvinas y a recolectar objetos que hoy forman un acervo
de aproximadamente 4.800 piezas.
El museo no siempre estuvo en su ubicación actual. Durante
35 años funcionó en la propia casa de Calvo, una situación que él mismo
describe como "invivible" para su familia debido al volumen de la
colección. La mudanza a los antiguos edificios de la estación ferroviaria,
detrás del emblemático Almacén Vulcano, fue posible gracias a la generosidad de
las familias Christensen y Vulcano, quienes cedieron el espacio que Calvo se
encargó de reciclar y poner en valor.
Tesoros con nombre y
apellido
A diferencia de otros museos, el espacio en Gardey se
caracteriza por objetos que, en palabras de su creador, "tienen vida".
Entre las vitrinas se pueden encontrar:
El uniforme original de un caído en el hundimiento del
crucero General Belgrano.
La afeitadora personal del Capitán Giachino, el primer caído
el 2 de abril.
Una turbina de un avión Mirage original de la guerra, que
pesa 800 kg.
Cascos utilizados en el Monte London y uniformes de marines
británicos.
El desafío de la
accesibilidad
A pesar del crecimiento del museo -que hoy cuenta con cinco
habitaciones y una plaza denominada "Georgias del Sur"-, Calvo
enfrenta hoy un desafío personal y estructural. Debido a problemas de salud que
dificultan su movilidad, ha iniciado una campaña para construir caminos de
cemento accesibles en todo el predio.
"Necesito manejarme cómodamente, no solo para mí, sino
para la gente que viene y tiene problemas de salud", explica Calvo. El
proyecto incluye la construcción de un baño adaptado con barras de apoyo para
garantizar que el homenaje a la patria sea accesible para absolutamente todos.
Malvinización y
comunidad
El museo se sostiene gracias al esfuerzo mancomunado. Desde
empresarios de Tandil que donan materiales de construcción hasta jubilados y trabajadores
que dedican sus domingos a limpiar y mantener las instalaciones sin cobrar un
centavo. Incluso, el espacio cuenta con un lector Braille para personas ciegas,
gracias al Observatorio Cultural.
Para Santiago Calvo, esta labor no es una alegoría de la
guerra, sino un acto de justicia: "Nosotros no permitimos el olvido y
malvinizamos por un hecho que ocurrió y que continúa siendo una
injusticia".
Información Útil:
Horarios: Abierto todos los domingos desde las 14:00 horas.
El próximo 2 de abril también abrirá sus puertas al público.
Entrada: Gratuita.
Contacto: En Instagram y Facebook como "Museo Malvinas
Tandil".
Colaboraciones: Se pueden realizar donaciones para las obras de accesibilidad a través del alias: tropa.punto.marca.
Reviví la entrevista