24 de octubre de 2026
No todos los días se tiene la posibilidad de charlar con un escritor de la talla de Eduardo Sacheri. En la Lupa Random hoy contamos algo del encuentro con este escritor reconocido a nivel internacional, que tiene con Tandil un cariño especial. Hablamos de sus inicios, del paso a la fama, de Independiente y el fanatismo. También nos dejó una impecable opinión sobre los tiempos en los que vivimos: "Me parece que es un embrutecimiento que no está bueno".
por
Lorena Medina
El
reconocido escritor Eduardo Sacheri llegó a Tandil para brindar una charla dentro
del "Ciclo de encuentros para pensar", propuesto por la Cámara Empresaria.
Luego de cumplir con la convocatoria, que contó con más de trescientas personas
que se acercaron a escucharlo, estuvo en Librería Alfa recibiendo a todas las
personas que quisieran firmar libros y fue allí donde tuvo la generosidad de
charlar un ratito con La Lupa Random.
Sacheri,
tiene un vinculo de afecto con Tandil, aquí presentó por primera vez un libro, "Esperándolo
a Tito" de Galerna. Fue en nuestra ciudad donde supo lo que era ser el
protagonista de una entrevista cuando el colega Hugo Rodríguez le hizo una nota,
de manera que sin dudarlo mencionó que estar en Tandil es "como volver a casa".
Eduardo Sacheri cobro masividad con la película El Secreto de sus Ojos, que ganó el Oscar en el 2010 y si bien fue un gran cambio, cuenta sobre su transición a la fama que: "Me lleve bastante bien porque fue algo gradual, por que empezó antes, con lo cual me dio tiempo de ir acostumbrándome, tal vez el momento más complicado para eso fue cuando salió El Secreto de sus ojos porque el cine es muy masivo, a la película le fue genial, y el ganar el Oscar, le dio a mi carrera una visibilidad internacional. La ventaja fue que me agarró bastante grande, creo que si éramos más jóvenes tal vez hubiésemos estado peor parados. La salida del anonimato me llegó en un momento de cierta madurez. A mí me encanta la carrera de ser escritor, pero también me gustaba la vida que tenía antes. Licenciado en Historia y dar clases, también me gustaba. A veces pasa que un golpe de suerte, en el ámbito que sea, te permite salir de un lugar desagradable. Pero es distinto el desafío cuando ese golpe de suerte te mueve de un lugar agradable. Por fortuna las cosas importantes de mi vida ya estaban decididas cuando esto paso, mi mujer, mis hijos, el barrio y eso lo facilitó".

Esperándolo
a Tito, su primer libro tiene una historia especial, ya que los cuentos fueron
conocidos antes de estar compilados en el libro. Por el año 2000, cuando escuchar
ciertas voces de AM y sin cámaras le daba a los relatos un sabor especial.
Porque te invitaban a agudizar la imaginación. Los cuentos de Sacheri tenían las
formas e imágenes que cada uno de nosotros imaginaba al escuchar a Alejandro
Apo contarlos. "Todos los cuentos que están en ese libro, primero fueron
difundidos por radio, en el programa de Alejandro Apo en Radio Continental y después
se transformaron en libro. Es rara la construcción Esperándolo a Tito, lo que
pasa es que el hecho de ser cuentos difundidos por radio y muy festejados por
el público, eso generó, primero que se publique y después que se venda. Publicar
un libro es un escollo, pero que al publico le guste y lo empiece a comprar es
otro escollo diferente. Apo siguió leyendo los cuentos, ya desde el libro y lo terminó
de instalar", reconoce.
Pasaron
los años, llegaron los premios, más libros y aquel primer "hijo" dejó su huella
en muchos lectores pero ¿qué quedó del Sacheri de aquel entonces?
"Tengo
30 años más, entonces indudablemente estoy en otro lugar en la vida. Hablando
pura y exclusivamente de escribir, capaz que me siento más seguro ahora, que creo
que es algo normal en cualquier profesión, cuanto más la ejerces, más te soltás
y más confianza tenés. En el caso de la escritura, cuando todavía no tenes lectores
o no los conoces, capaz que sentís más inseguridad y se puede manifestar en que
explicas demasiado las cosas, adjetivas mucho, reforzas demasiado el sentido de
lo que estas contando. Y después cuando vas ganando experiencia y conociendo a
los lectores, te das cuenta de que no necesitan que les estes encima como creías,
te vas contendiendo y eso también hace que le puedas dar más espacio al lector."
Eduardo
no soñaba con ser escritor, aunque celebra este volantazo del destino. Sin embargo,
como ya había contado, el primer libro fue un compilado de cuentos que fue
escribiendo y que por algún motivo luego vieron la luz. "La verdad es que me venía
bien levantarme a la noche si estaba con insomnio y ponerme a escribir. Después
de un rato escribiendo me acostaba y me dormía. Escribía de todo un poco, lo
que pasó fue que los cuentos de fútbol encontraron una difusión que los demás no.
Por eso, después de Esperándolo a Tito, apareció Te conozco Mendizábal que son los
que no son de fútbol", cuenta.
¿Y por
qué fútbol? "Utilizo materiales de mi vida para escribir, porque en definitiva
la vida que intento entender, es la mía, donde están mi familia, el barrio de Castelar,
mis amigos, mis trabajos y el juego que más me gusta".
Es un
apasionado del fútbol y aunque nunca lo jugó de manera profesional, confiesa que,
a sus 58 años, "cuido mi físico, justamente para poder seguir jugando al fútbol
con mis amigos un poco más".
Es hincha de Independiente por su padre "lo heredé con completa naturalidad como parte de la fascinación que me despertaba mi papa y sus gustos".

"Independiente
me importa mucho, probablemente me importa demasiado, sin embargo, no me considero
un fanático. Para mí un fanático es un obcecado, irracional, incapaz de ver lo
que tienen los otros. Burdamente concentrado en si mismo, por eso yo no me
considero un fanático. Si miro un partido de Independiente y el rival está jugando
mejor, lo voy a reconocer, me va a entristecer y probablemente debería poder
tomar un poco de distancia. Pero no me considero un fanático, al contrario, me molestan
los fanatismos, me parece que no construyen, que no ayudan a entenderte con
otras personas, en el ámbito que sea, pero también en el fútbol.
La charla
que lo convoco a Tandil tenía como título Encuentros para pensar y lo invitamos
a Eduardo a que, no sólo como escritor, sino también como docente me comparta su
opinión respecto a qué nos falta para poder pensarnos como comunidad. Si cree
que algo se ha perdido en estos años y que hemos ganado.
"Si comparo
con la época en la que a mí me tocó arrancar en la docencia, 30 años atrás, te
digo que se podía conversar mejor, había menos fanatismo alrededor (del tema que
fuera y del color que fuera), me parece que en eso hemos retrocedido. Tal vez
no de manera irreversible, pero sí hay un retroceso. En estos últimos años el
tema de las redes sociales hizo que la conversación se horizontalizara mucho y
eso es bueno, que todos podamos opinar, hablar. Pero creo que algo malo que ha pasado es que
nos hemos vuelto mucho más brutales en el modo de comunicarnos, expresarnos y
vincularnos con los que no piensan como nosotros. Y eso me parece que es un
embrutecimiento que no está bueno".
Por último,
pero en sintonía con eso de lo que veníamos hablando con Sacheri, sobre cómo
pensarnos y la falta de puntos de encuentro en la actualidad, fue categórico. "Creo
que falta tolerancia. No condenar al infierno a quienes no piensan como uno,
para mí es algo normal que alguien piense diferente a mí y eso no lo vuelve
mala persona. Esto de cargar de criterios morales las opciones concretas de las
personas, 'Fulana piensa A y yo B, por lo tanto, Fulana es mala persona', y no es
así, sólo piensa distinto.
Pero siento
que, eso que para mí es una verdad evidente, para muchas personas no lo es y no
me parece que este bueno. La gracia está
en poder compartir espacios de diálogo con aquellos que no piensan como uno.
Por eso, ésta unanimidad intencionada que se busca, es una utopía medio fea, no
creo que sea algo enriquecedor."
Gracias @alfalibtandil
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