20 de febrero de 2011
Por Guillermo Liggerini
Semana mansa, positiva para los intereses de la comuna en materia de gestión, si a esto se resume el nuevo encuentro encabezado por el mandatario bonaerense, Daniel Scioli, y el jefe comunal, Miguel Lunghi.
Ambos ratificaron su buena sintonía, aquella que se despoja de ciertos prejuicios y/o intereses políticos partidarios y en tren a sus perfiles de hacedores van marchando por la misma senda. Ambos se aprovechan, saben que juntos, les va mejor. Es imprescindible para el pediatra que trabaja de intendente y se prepara para nuevamente arroparse de candidato llevarse de la mejor manera con quien, en definitiva y ya a esta altura aceptado por el propio radicalismo, ha demostrado en los hechos que tiene a Tandil como uno de sus distritos predilectos.
Para con el Gobernador, si bien no resulta decisivo el caudal electoral que de estos pagos pueda rescatar frente a lo que representa el conurbano y otras localidades de mayor densidad poblacional, le sirve para mostrar, demostrar su mirada hacia el interior bonaerense y así, incluso, sospechar con alto grado de asidero, que en estos pagos cuenta con una inmejorable imagen también rumbo a las urnas bonaerenses o, incluso más “arriba”, si así la dinámica política lo impone.
A tal punto, que desde el lunghismo no niegan que más allá de sus renovados bríos por el recupero del centenario partido y sus potables candidatos, no se hará ningún esfuerzo para torcer la eventual voluntad del electorado tandilense por apoyar a ambos candidatos a la reelección vía tijera.
En ese tren, se convino en avanzar en varios frentes que hacen a obras clave para el desarrollo de la ciudad. La prioridad pareciera estar dada por dotar de infraestructura básica en distintas zonas de la ciudad, como así también progresar en la idea de regionalización del Hospital de Niños. Un ápice imprescindible para darle utilidad al “elefante blanco”.
Lo demás, quedó atado a los pormenores de lo que será la presencia de Scioli (ソy alguien más?) en los festejos por el aniversario de Villa Italia. Todo un acto político que acaparará la atención de cara al escenario electoral que se transitará en el año, plagado de especulaciones, operaciones y, en definitiva, candidaturas de acá y más allá también.
EN LA UCR
A propósito de candidaturas y escenarios electorales, no pasó desapercibida la visita del senador radical Ernesto Sanz, en su nuevo rol de precandidato interno. Visita incómoda para el lunghismo, habida cuenta que hay un apoyo explícito a la candidatura de Ricardo Alfonsín, más por compromisos asumidos que por un verdadero convencimiento de ser la mejor opción.
Está claro que el senador Carlos Fernández “le debe” el gran favor que Alfonsín tuvo para con él en aquella titánica disputa interna por la banca provincial, y desde allí se selló un compromiso arrastrando a Lunghi y compañía, quienes por lo bajo y ya no tanto, reconocen en Sanz una mayor simpatía y contenido político de lo que hasta aquí evidenció el hijo de.
Si bien el intendente lo recibió en su despacho, decidió no ir al Comité a presenciar el acto. Algunos radicales que se animan sino a cuestionar al menos a desafiar la hegemonía lunghista, hablaron de descortesía (incluso tampoco participó la juventud radical), pero el vaso medio lleno redundó en que se pudo tener una interesante movilización por fuera del aparato oficial que ostentan desde calle Belgrano.
FALSO PROGRESISMO
Si bien no formó parte de la agenda política (debería serlo), algunos párrafos merece el despropósito que se vivió en la asamblea de la vulnerable Asociación Española, en la que un puñado de socios intenta reflotarla cual nostalgiosa aventura, en medio de una crisis institucional agónica, como de otras entidades que otrora representaban mucho más que lo que hoy en el termómetro social.
A saber, el desprendimiento de una nueva propiedad para salvar las cuentas e ir por nuevos emprendimientos que permitan ingresos a la entidad provocaron la reacción de un sector de la cultura que ve peligrar otro espacio para su desarrollo, como es el caso del Club de Teatro.
La confusión es mayúscula, por impericia comunicacional de los directivos de la mutual y por intereses cruzados de los que dicen defender un espacio cultural, pero olvidan mencionar que se trata de un emprendimiento privado que, por si vale la pena recordarlo, tiene un contrato de locación del inmueble en pugna. Propiedad a esta altura que pareciera ser el “tesoro” cultual de los tandilenses, cuando en verdad se trata de una casa en ruinas, donde años atrás funcionaran consultorios y fueron readaptados a una sala teatral acorde a los intereses de quienes alquilan.
No se trata de una mirada meramente mercantilista, la confusión está dada en instalar la idea de que se vende el Club de Teatro, cuando la intención de la entidad (dueña del espacio por si falta aclararlo) era hacerse de unos dineros y la promocionada cultura teatral bien podría trasladarse a otros espacios, incluso mejores que donde hoy funciona.
Llamativo observar en el escrache que se hizo en la puerta a concejales y funcionarios de la Unicen acompañando el confuso reclamo, cuando bien estos “actores” podrían invitar al Club de Teatro a trasladar su vasta actividad a otros reductos incluso más acordes. El mismísimo teatro Del Fuerte, la Confraternidad o los espacios que cuenta la casa de altos estudios para su facultad de Arte, podrían servir para impedir que la actividad teatral que el Club despliega se corte ni mucho menos.
Algún observador de la realidad supo inferir con buen tino que se están desplegando en la sociedad argentina -Tandil no está exenta claro- un raro, peligroso, comportamiento de sectores que, a priori, levantan las banderas del progresismo y defensa del estado de derecho. Ahora bien, cuando la realidad o las definiciones no se condice con sus intereses-convicciones, sacan a relucir los más bajos instintos reaccionarios, aquellos que paradójicamente enfrentaron y se repudió en los años de plomo, cuando precisamente se vulneraron todas las garantías que un estado de derecho impone.
Con la salvedad de los casos, ocurrió con aquellos dirigentes que montados en la necesidad de los más humildes, orquestaron ocupaciones masivas, enfrentando pobres contra pobres frente a la desidia oficial. Ocurre con referentes de derechos humanos (de acá y más allá también) que convalidan, por acción u omisión, operaciones y escraches a funcionarios judiciales cuyo accionar y resoluciones van a contramano de sus intereses. El conocido caso Sofía, y el presunto estado de indefención de los menores frente a lo que sería nuestra ciudad la “cuna de los pedófilos” sumado a la caterva de denuncias infundadas son el botón de la muestra.
Lo que algunos “referentes” de la cultura teatral protagonizaron en la noche del viernes en las puertas de las oficinas de la Asociación Española, son algo más de esa manifestación fascista. Acusar de delincuente a un dirigente que está convencido de estar haciendo (acertadamente o no) lo mejor para una institución de la que aquellos que ahora demandan poco -nada- hicieron para salvarla al menos es un despropósito.
ソQué derecho le asiste a los emprendedores de la cultura vernácula colocarlo a Martínez Martínez en una situación cual salida de un represor de un juicio por delitos de lesa humanidad?.
El viceconsul devenido en dirigente está expuesto a las críticas una vez asumido el rol que emprendió. Pero en todo caso serán los socios de la institución que están bregando por salvarla, los legítimos encargados de cuestionar su accionar, no los inquilinos de una propiedad que bien podrían extender la cultura más allá de la calle Rodríguez.
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