9 de octubre de 2011

Locales

Locales. Palpitar comunal: La casa está en orden

Por Guillermo Liggerini

Pocas veces en estos ocho años de gobierno se lo había visto así al jefe comunal. Diez días de protesta, con un bloqueo sin precedentes, puso a la gestión lunghista frente a una de las pruebas más difíciles al frente de la gestión. No tanto por la capacidad de daño que pudiera generar el lock out canteril, sino más bien por los propios prejuicios que el radicalismo tiene para afrontar este tipo de conflictos.

Salvando las enormes distancias, el Gobierno nacional pagó un altísimo costo cuando resolvió pelear contra el piquete chacarero. Le costó un desgaste impensado y hasta una elección. Después virtudes propias como ajenas de una oposición impresentable, hizo lo suyo para salir a flote y hoy asegurarse cuatro años más en la Casa Rosada. Dicen, entonces, que solo el justicialismo sabe de estas contiendas y solo un partido con semejante fortaleza y ambición de poder puede sobrevivir como lo ha hecho.

Allí radica precisamente el prejuicio radical y a eso se vino enfrentando internamente éstos ocho años el lunghismo. Primero ganar, y después perpetuarse en el poder demostrando que puede gobernar. A estas alturas hay que decirlo sin eufemismos y, utilizando uno de sus eslogan de campaña, se debe afirmar que Lunghi gobierna. Y para eso, incluso, se toma de herramientas que hasta aquí sólo se las concebía al peronismo.

Vale aclararlo, el kirchnerismo emprendió una contienda sabedor que la mayoría de la ciudadanía apoyaba al sector rural y terminó pagando un costo que para otro gobierno, en otras circunstancias económicas, hubiera sido letal. El lunghismo, en cambio, conocía de otra certeza por demás importante, la gran mayoría de los tandilenses estaba a favor de esta ley y, especialmente, repudia, rechaza, cualquier manifestación que trastoque, modifique su status quo y su cotidianidad.

También el intendente Miguel Lunghi contó con un aliado incalculable en capital político, como el mismísimo gobernador Daniel Scioli, verdadero factótum de esta iniciativa preservacionista transformada en ley (dicen por lo bajo que también fue fundamental para que Moyano y compañía no se hicieran eco de la protesta de la patronal).

Desde éstas páginas se había referido a la dificultad de negociar frente a una protesta que en verdad carecía de legitimidad. Con la salvedad de los transportistas que, evidentemente, deberán ser atendidos en particular por no haberlos tenido en cuenta a la hora de decretar el cese de la actividad canteril, con los empresarios mineros poco podía conversarse, porque, en definitiva, esta en contra de la ley.

Con la impunidad con que se vinieron desplegando por décadas, cimentada por la negligencia estatal para regular la actividad, se dejaron estar al aguardo de un recurso de amparo que finalmente no salió, y allí presionaron al resto de los sectores a la calle sin saber bien qué pedir, qué reclamar. Pasaron de la derogación de la ley, a un plazo de un año hasta el utópico traslado, fogoneado por otros sectores políticos que ya a estas alturas debieran repasar algún manual de política básica para posicionarse como referente natural que ostenta el poder comunal.

Así, el desgaste de los manifestantes no se hizo esperar después de diez días, aceptando las condiciones que desde un comienzo el municipio y la provincia habían propuesto. Esto es, evaluar cada caso, cada empresa de transporte en particular, cual grave es su situación a partir del cierre de las canteras con las que trabajaban y, desde allí, algún salvataje -via subsidio- como con cualquier empresa en crisis o una posible garantía de stock en las canteras que seguirán funcionando. No más, qué más.

El pediatra volvió a demostrar que sigue trabajando bien de intendente y que su vocación de poder está intacto. que tal vez como nunca se lo vio aturdido y desequilibrado frente a la inusitada protesta. Casi cometió el mismo yerro del principiante, allá por el 2003, cuando convocó a la población para movilizarse por la Clínica Chacabuco cuando existían intenciones de arrebatársela. Casi se pareció a aquel intendente que marchó con los vecinos a la sede judicial a pedir justicia por el crimen de José Luis Gárate. Pero esta vez supo retroceder -lo hicieron retroceder- a tiempo. allí estuvieron sus delfines pidiendo retractación y aquellas desencajadas declaraciones de un día agitado se diluyeron cual palabra al aire radial.

En ese escenario de conflicto resuelto, Lunghi y su equipo se sacó aquel mote, aquel estigma que siempre los aqueja por el simple hecho de ser radical. Aquella frase del ex presidente que los persigue: "la casa está en orden", volvió a sacudir en su fuero más íntimo, aunque esta vez parece que el final es otro, porque guste a quien le guste, Lunghi gobierna.

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