17 de julio de 2011
Guillermo Liggerini
Por obra de la casualidad, causalidad o intencionalidad, la gestión lunghista vino sorteando algunas fisuras propias del paso de una administración que va rumbo a terminar su segundo mandato y, con muchas chances de seguir gobernando la ciudad. Sin embargo, en las últimas semanas comenzaron a florecer debajo del adoquinado tandilense asuntos que, más allá del disimulo o la sabiduría que permite eludir los conflictos, estaban latentes e indefectiblemente iban a implosionar. Si era en tiempo de campaña electoral mejor para algunos que ayudarán a fogonearlos.
Uno ya detonó en los medios y sus esquirlas comienzan a llegar más allá de la burbuja comunal, del microclima en la que convive la casta política, la prensa y algunos acotados sectores sociales.
La instalación del escandalosa denuncia en Desarrollo Social, una de las áreas más sensibles junto a Salud de cualquier municipio, tarde o temprano podría provocar inestabilidad en un humor social tandilense, más proclive a conmoverse porque no le retiran la basura a que los recursos comunales - aportados por esos mismos vecinos- se malgasten o, para ser más diplomáticos, se destinen a las prioridades que el lunghismo bien supo direccionar al paladar del tandilense (nativo o por adopción) medio.
Habrá que aguardar hasta donde llegan las esquirlas de semejantes denuncias del delegado de la secretaría, cuyo daño debería ser directamente proporcional a la seriedad de sus planteos.
A saber, no es lo mismo hablar de incorporación a diestra y siniestra de personal político, a tirar budines vencidos, o el manejo irregular de los subsidios, en tanto y en cuanto dichos recursos sean para acomodar algún balance en detrimento de ayudar a los que menos tienen.
Para con el personal incorporado, ya se habló hasta el tuétano sobre el asunto desde los primeros pasos de la gestión. Lunghi ensayó sus explicaciones y la oposición insiste por una respuesta formal, tras el pedido de informes.
Más allá de la escasa transparencia al respecto (con un listado colgado en internet con el número de legajo no alcanza) se trata de un asunto meramente político y en dicho ámbito debe debatirse en ese contexto. De nada sirve mezclarlo con las otros menesteres que sí deberá esclarecerse con mayor celeridad, incluso por la vía judicial de resultar necesario.
Nuevamente hasta aquí el Ejecutivo reaccionó fiel a su costumbre. Primero ninguneando las denuncias. Después escarbando sobre el denunciante y sus verdaderas intenciones. Finalmente, haciendo lo que debía: abrir un sumario administrativo para deslindar responsabilidades.
Un párrafo aparte merece el aporte del candidato de Nuevo Encuentro, Jorge Coronel, quien se metió en la discusión y habló de crear la figura del defensor del pueblo, un ente autárquico, independiente de la voluntad política del gobierno de turno para intervenir en este tipo de situaciones. Es una idea ya impuesta en otros distritos que merece ser evaluada.
Al menos cuesta entender cómo un colaborador del Ejecutivo (el secretario de Legales) investigará la responsabilidad de un par (el secretario de Desarrollo Social). La complejidad del entramado comunal tiene ya sus antecedentes, que flaco favor la hicieron al actual gobierno. El affaire del tesoro comunal para más datos, por lo cual fue una sangría intestina la particular situación del ex secretario de Economía y otrora contador comunal.
BASURA EN LA CALLE
Algo que aún no detonó con la espectacularidad mediática, pero que sin dudas pone en evidencia el desgaste de una gestión, son las falencias que denota la dirección de Servicios, área tan o más clave a la hora de inclinar el humor social del tandilense.
Con mayor o menor intensidad se viene reclamando desde barrios de los más diversos en cuanto a su conformación social, una problemática que va increciendo, a medida de la hasta aquí anodina postura oficialista.
Se trata de la recolección de los residuos domiciliarios, cuya manifestación se expone con total crudeza en las cuadras de la ciudad. Lo que hasta ayer resultaba un orgullo tandilense de a poco se va transformando en la muestra de la desidia, por razones que hasta aquí nadie se anima a expresar.
No quede claro, no es obra de la casualidad. Desde que ingresó un nuevo subdirector (Daniel Fuentes) para dedicarse exclusivamente al asunto y así despojarlo de la responsabilidad al eterno Lino Fernández, los problemas se repiten sin solución de continuidad. Desde los camiones averiados al personal con parte de enfermo, formarán parte de las excusas elegidas por una administración que no sabe -o no quiere por comodidad- resolver la situación.
Se supo, por lo bajo, que se dieron un par de reuniones. Una especie de plenario secreto entre las autoridades comunales, delegados gremiales y los propios empleados. Nada trascendió del encuentro, aunque el cónclave sirve para demostrar que algo huele mal en el municipio, como en buena parte de la ciudad. Por más boicot que se esgrima entre susurros desde el oficialismo, se trata de una incapacidad manifiesta.
Lunghi está frente a un nuevo escenario. Emprendió la aventura de buscar su nueva reelección y su mayor desafío será demostrar que no sufre desgaste: Que más allá de sus ganas personales y necesidades partidarias hay un equipo con el mismo hambre con el que irrumpió en el 2003. Los desmanejos en áreas sensibles promueven a especular lo contrario.
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