22 de septiembre de 2011

Policiales

Policiales. Piden 12 años de prisión por violar a una mujer en plena vía pública

En las últimas horas se retomó el debate oral y público en que se busca dilucidar la responsabilidad penal de un hombre acusado de violar y luego robarle a una mujer en plena vía pública.

El Tribunal integrado por los doctores Guillermo Arecha, Pablo Galli y Gustavo Echevarría, escuchó los alegatos de las partes. Mientras el fiscal Gustavo Morey dio por acreditado los hechos, pidiendo en consecuencia la condena a 12 años de prisión, el defensor oficial, Carlos Kolbl, exigió la absolución de su representado, al considerar que no se dieron los elementos de cargo suficiente para endilgarle semejante delito.

Como suele suceder en este tipo de casos, lo medular de la cuestión pasa por la credibilidad o no del único testimonio que surge de la causa, la propia víctima. En eso se fundamentaron acusación y defensa según sus objetivos, tomándose también de otros elementos que coadyudan a establecer la validez de un relato que, obviamente quedará en manos del Tribunal a la hora de fijar una sentencia, que se ventilará el venidero martes al mediodía.

A la hora de la acusación, el ministerio público ratificó los lineamientos que oportunamente hicieron elevar a juicio la causa. Entender que el testimonio de la víctima fue espontáneo, desprovisto de intereses de perjudicar al imputado o tener algún ensañamiento, como lo evidenció en el relato frente a los jueces en la Sala de Acuerdos.

También se refirió a características del relato que le dan credibilidad, como así también lo que oportunamente aportaron las pericias psicológicas practicadas a la mujer, en las que se alude a la angustia y trastornos que generó la situación vivida, como así también que no existían indicios de fabulación en la personalidad de la denunciante.

También se analizó los dichos del médico que la atendió en el Hospital tras la agresión, especialmente aclarando los por qué no evidenció violencia en sus zonas íntimas tras la presunta violación ni rastros que aludieran a la relación sexual forzada por el sujeto.

Tal se detalló oportunamente, el caso reviste singulares particularidades. Por caso, realizados los hisopados se hallaron rastros de semen, pero de otra persona. A saber, la mujer había mantenido relaciones con su pareja horas previas a lo que luego habría sido víctima. Además, según su denuncia y lo que funda la acusación el fiscal, la eyaculación del presunto violador no se produjo dentro del cuerpo de la víctima.

Morey no dejó de reseñar como elemento incriminante el testimonio de la ex pareja del acusado, quien días posteriores al hecho aquí ventilado fue a realizar una denuncia a la comisaría de la mujer por violencia contra el imputado. Allí se anotició que había sido denunciado por violación. Al tomar conocimiento de pormenores del hecho recordó que aquella madrugada su ex pareja volvió a la casa sucio de barro y con un par de zapatillas embarradas y un celular que se las regaló. Precisamente dichos elementos habían sido denunciados por la víctima como robados. Luego la policía realizaría un allanamiento y daría con los elementos en cuestión.

A la hora de los agravantes, el fiscal no dejó de mencionar que el imputado experimentó un intento de fuga durante los meses de investigación del caso por el cual él ya estaba anoticiado. A la vez, se lo consideró reincidentes por las condenas varias que obran en su haber, para así pedir la pena unificada de 12 años de prisión.


ABSOLUCION

A su turno, el defensor Carlos Kolbl habló sobre las dificultades que se generan en este tipo de debates al estar frente a un testigo único. Y ya arremetiendo contra la validez de dicho testimonio, consideró que no había ninguna prueba física o material contra su pupilo.

Para Kolbl se presentó un dilema de tipo procesal, porque debe haber un conjunto de elementos probatorios como para ordenar una detención y mucho más arribar a semejante imputación que hoy llegó a juicio.

Así, concluiría en que los únicos elementos independientes eran el probable apoderamiento de las zapatillas y el celular.

A la hora de poner en crisis la validez del relato de la víctima, refirió a los dichos de la mujer en las tres oportunidades. En su primera denuncia frente a la policía a horas del hecho, cuando lo hizo frente a la fiscalía y ahora en el debate oral y público. Allí rescató varios párrafos en la que la mujer incurrió en detalles contradictorios que hacen a su veracidad. Por caso, dijo que había sido amenazada con un cuchillo una vez ingresada al remís, aunque en otra declaración dijo que ocurrió más tarde, en medio del trayecto cuando la obligó a bajarse.

También reseñó sobre el presunto desconocimiento que la víctima dijo tener del victimario, aunque luego recordó que sí, que había sido vecino de ella en su anterior domicilio. También allí arremetió con que en una declaración dijo que sólo se cruzaron un par de oportunidades y apenas se saludaban, cuando en otra testimonial indicó que le había propuesto irse a vivir juntos bajo el mismo techo.

Kolbl afirmó que de no estar en un juicio gran parte de los dichos de la mujer podían hasta sonar risueños, por caso cuando dijo que no le había indicado nada al remisero (el cual nunca fue hallado para atestiguar) porque Negrete le había colocado un pancho en la boca para que se callara.

“Es irracional, insostenible, creer que una persona que se sube empujada a un remís y obligada a compartir un viaje con quien no quiere en ningún momento pida ayuda”, sentenció el letrado, quien insistió en lo absurdo del testimonio, que lindaba con lo grotesco, que si no fuera que su pupilo estaba sentado en el banquillo de los acusados hasta resultaba gracioso.

Contrariamente a los dichos de la mujer, Kolbl especuló que había un trato de vecindad y confianza entre denunciante y acusado, y resultaba disparatado pensar en que alguien invitaría a irse a vivir juntos si antes no hubo un acercamiento.

Tampoco dejó escapar sobre los detalles que hacían a la descripción del abuso, señalando que una víctima de violación no cambia su testimonio por más años que pasen, y recién en la declaración frente a los jueces (la tercera) habló de penetración anal, cosa que no había hecho en las anteriores testimoniales.
Así, el defensor concluiría en que su defendido merecía la absolución por el abuso y, en todo caso, por la acusación del robo la pena no excedía los tres meses de prisión.


El caso

Tal se había detallado en ediciones pasadas, el hecho que no cobró trascendencia mediática cuando ocurrió pero que ahora se ventila en el Tribunal Criminal Nº 1, se remonta al 27 de febrero de 2010, pasadas las 4, horas en la que la mujer salió del local bailable Sol Disco y cuando se disponía a ascender a un remís fue abordada detrás por Mario Alberto Negrete, quien le solicitó que lo acerque hasta su domicilio.

Si bien la mujer se negó, el imputado haciendo uso de la fuerza accedió al interior del coche, solicitando al remisero que se conduzca por calle Figueroa. Una dos cuadras antes de llegar a calle Buenos Aires, Negrete extrajo de entre sus prendas un cuchillo al que apoyó en la cintura de la víctima con el cual la obligó a descender del auto en la esquina de calles Figueroa y Buenos Aires.

Una vez descendidos del rodado y ya solos, el acusado le pegó una trompada en el rostro a la mujer, y ante la reacción de ésta para saber por qué le pegó, Negreti asestó con otra trompada provocando que la mujer cayera al piso, más precisamente en una zanja con barro.

Allí, el imputado se posó encima de la mujer, le quitó la ropa hasta dejarla desnuda. El se bajaría los pantalones y tras tocamientos abusaría de la mujer.

Tras violarla, el abusador se retiró del lugar no sin antes robarle a la indefensa mujer un par de zapatillas, la billetera con unos 300 pesos y el teléfono celular. Alguno de esos elementos luego serían secuestrados por la policía horas luego que la mujer hiciera la denuncia tras ser socorrida por vecinos del lugar, incluso efectivos del Ejército y personal sanitario que la trasladó hasta el Hospital.

Es que precisamente una vez consumado el hecho, la mujer desnuda comenzó a gritar, pidiendo socorro y así fue que fue socorrida por circunstanciales testigos que luego ratificarían ante la Justicia en el estado que habían encontrado a la víctima.

Comentarios

0

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Cargando comentarios...

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil