29 de junio de 2011

Policiales

Policiales. Piden 15 años de prisión para hombre acusado de abusar sexualmente de su hija

Ayer se cerró el debate oral y público en torno al juicio contra un hombre acusado de abusar sexualmente de una menor en reiteradas oportunidades durante cinco años. El caso, cobró relevancia a partir de los involucrados, protagonistas de una trama familiar signada por una violencia doméstica que, sin dudas -a pesar que la justicia finalmente no lo pudo comprobar-, culminó con la muerte de una mujer.

El acusado es el mismo que fuera detenido por la muerte de Delfa Molina, la mujer de nueve hijos que quedó internada en el Hospital a raíz de severas lesiones sufridas. La primera hipótesis aludió que precisamente el deceso de la mujer devino de los golpes propinados por el ahora sentado en el banquillo de los acusados, empero, las pericias no lograron arribar a esa conclusión. Si bien el expediente dejó de manifiesto que se trataba de una relación extremadamente violenta y que la víctima había sido blanco de aquella situación, no se probó que su muerte devino de aquellos golpes. El sospechoso, entonces, fue absuelto.

En medio de movilizaciones de derechos humanos y sectores que respaldaron el reclamo de la madre de la mujer, abuela que finalmente quedó a cargo de los pibes, se reactivó una causa que había quedado paralizada por el desistimiento de la propia Delfa antes de morir. Se hablaba de abuso sexual contra menores, precisamente aberrante historia que ahora se ventiló en los estrados judiciales, más precisamente en la Sala de Acuerdos del Tribunal Criminal Nº 1.

Tras escuchar los testimonios aportados por las partes, sin contar con el testimonio directo de la menor víctima frente a su estado psicológico que le impedía estar frente al Tribunal y, especialmente, cerca del abusador que denunció, ayer el ministerio público fiscal como la defensa alegaron, marcando una postura diametralmente opuesta a la interpretación de los hechos puestos a consideración de los jueces.

Cabe aclarar que igualmente los declaraciones de la menor, una de ellas a través de Cámara Gesell, fueron incorporadas al juicio como pruebas fundamentales del caso.


ACUSACION

Al turno de la acusación, el fiscal Gustavo Morey consideró que quedó acreditada la responsabilidad penal del imputado del abuso sexual endilgado contra la menor, abusos que pudieron ubicarse entre mediados de junio de 2000 y fines de 2005.

Según lo describió el ministerio público, los abusos ocurrieron siempre en la habitación de la vivienda, aprovechando su condición de progenitor de la víctima, cuando tenía 7 años hasta los 12.

Morey reconoció que a lo largo del debate se dieron dos posturas opuestas. Mientras la acusación se sustentó en la declaración de la víctima, el acusado insistió en una motivación externa, que hace al interés de la familia de Delfa Molina por quedarse con su casa.

Al respecto, el fiscal señaló que si bien es cierto que la disputa familiar por la vivienda quedó en evidencia, no existieron elementos de juicio para considerar que de aquella disputa provino la denuncias por abusos.

Así, Morey reseñó que la denuncia se realizó antes del conflicto por la finca, con intervención del otrora Tribunal de Menores, quien había resuelto que se saquen a los menores del ámbito familiar frente al contexto marcado por la violencia.

Asimismo, descartó que la abuela haya sido la que fogoneó la denuncia y que tuviera la presunta intención material para quedarse con la casa, siendo que había sido la propia Delfa la que había iniciado la presentación.

Al respecto, interpretó que si la abuela hubiera contaminado las declaraciones de la menor, si se trataba de una fábula, hubiera expuesto más testigos, y con un sólo caso de abuso hubiera alcanzado para lograr su presunto cometido. Tampoco dejó de mencionar que la menor declaró en varias oportunidades y mantuvo su versión, por lo que de creer la hipótesis defensista se estaría frente a una niña con una alta capacidad escénica para mantener semejante relato, incluso logrando engañar a los peritos y aquellos profesionales que intervinieron en la causa.

Precisamente Morey agregaría que los psicólogos consideraron los dichos de la niña resultaban verídicos, creíbles, sin ánimo de perjudicar al denunciado, y que presentaba los signos psicológicos claros de una niña abusada.

También como elementos coadyuvantes que respaldan la versión de la víctima, enumeró varios ítems, como el contexto de violencia y lo dicho oportunamente por Delfa Molina.

Así, Morey arribaría a la petición de condena por el delito calificado como “abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo en reiteradas oportunidades”, peticionando en consecuencia 15 años de prisión.

La abogada presentada como particular damnificado, doctora Laura Vasconcello de Paz, coincidió en los parámetros del alegato elegidos por el fiscal, aunque consideró que el delito que quedó probado requería de una pena mayor a imponer, solicitando la pena de 20 años de reclusión.


DEFENSA

Tras en breve cuarto intermedio, el defensor oficial, Diego Araujo, intentó derribar las pruebas contra su pupilo, quien se mostró muy tenso, nervioso, en la sala sobre todo cuando escuchó el tenor del alegato que el fiscal había expuesto con crudeza.

Para Araujo, todo la prueba de abuso se estructura en base al testimonio de la victima y lo que se conoce como las pericias de revalidación del relato.

Se detuvo en analizar las cuatro declaraciones de la chica, las cuales dos de ellas (en 2007 y 2008), negó situaciones de presuntos abuso sexual. Luego recordó que recién en la tercera declaración la niña habló de abuso (noviembre de 2008) para luego sí mantener dicho relato.

Justamente el defensor preguntó qué pasó en la niña a la hora de cambiar la descripción de los hechos, sin dejar de mencionar que dicho cambio de declaración coincido temporalmente con el reclamo de entrega de la casa.

Así aportó como elementos de prueba la carta documento entre las partes y la manifestaciones del letrado Claudio Castaño, cuando dijo a los jueces que la abuela ya le había manifestado que se iba a quedar en la casa y iba a ser todo lo posible para verlo preso al acusado.

Araujo consideró que dicha situación debía tomarse como punto de partida para entender la motivación ajena que promovió el cambio de la acción ventilada.

Bajo ese contextoo, también reseñó lo que resultó la causa de homicidio de Delfa Molina. Así, Araujo recordaría que la menor dijo oportunamente que no sabía si el acusado le pegaba a Delfa. Después, a instancias de la abuela -acusó-, cambió la fecha, más precisamente una semana antes de la internación del Delfa, con el propósito de involucrarlo en el homicidio.

El otro hecho que subrayó el defensor como motivación externa fue la influencia en el ámbito familiar. Señaló al respecto que la sospecha de abusos se inició no sólo con la menor sino con su hermanito, sobre quien el propio psicólogo Adolfo Loreal informó en el expediente como conclusión que el niño había sido influenciado. Para Araujo, entonces, estaba ya la intención abierta de perjudicar a su defendido y surgió del ámbito familiar.

También enumeró algunas de las contradicciones que incurrió la víctima en sus testimonios.

Para con el testimonio de los peritos intervinientes que certificaron una situación de abuso, Araujo citó un fallo de Casación, recientemente publicado en un diario capitalino, en el que se absolvió a una persona porque los relatos de validación es una tarea de los profesionales pero es de carácter subjetivo.

Criticó la petición de reclusión del particular damnificado, recordando que dicha figura había sido derogada del Código Penal ya en el 2005 por la Corte, quien consideró que en el cumplimiento de la pena no hay diferencia entre reclusión y prisión.

Así cerraría pidiendo la absolución de su defendido y, de considerarlo culpable, subsidiariamente la imposición de la mínima de escala penal.

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