16 de junio de 2011

Policiales

Policiales. Piden prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos para los policías acusados de vejaciones

Ayer el Juzgado Correccional dio continuidad a la audiencia oral y pública en la que se juzga la responsabilidad penal de dos policías, acusados de vejaciones. Tras completarse la lista de testigos aportados, la jornada se centró en los alegatos de las partes.
Mientras el ministerio público consideró como acreditados los hechos y la responsabilidad penal, pidiendo en consecuencia prisión de ejecución condicional e inhabilitación para ejercer cargos públicos a los policías, la Defensa habló de la inexistencia de los sucesos denunciados y por ende, la absolución de sus representados.
La audiencia cerró con la palabra de los sentados en el banquillo de los acusados. Uno de ellos se tomó de su derecho para clamar su inocencia y quejarse frente a la “mentira” que había sido víctima (ver recuadro). Sin más, el juez Carlos Alberto Pocorena indicaría que el próximo 21 al mediodía ventilaría su veredicto en torno al debate expuesto a juicio.
Sobre los testigos de ayer, fueron policías que también intervinieron en el suceso y, como era de esperar, negaron los hechos, aunque sus recuerdos sobre lo que había sucedido resultaron un tanto contradictorios entre unos y otros como en sí mismos.
Tal como se vino informando, el incidente que devino en la audiencia se remonta al 3 de febrero de 2008, cuando por un incidente familiar que requirió la presencia de los uniformados terminó con una detención por atentado y resistencia de la autoridad de quien había solicitado el socorro policíaco, con la paradoja que horas más tarde el victimario se dijo víctima, denunciando que había sido brutalmente golpeado en los calabozos de la Seccional Tercera.
LA ACUSACION

Precisamente el fiscal Gustavo Morey centraría su alegato en la versión del denunciante y los testimonios complementarios que desfilaron a lo largo del juicio que, a su entender, corroboraron los dichos Angel Antonio Rodríguez, camionero que no titubeó en denunciar y luego ratificar frente a los policías los golpes que había sido objeto.
Para Morey quedó probado en el debate que los oficiales Juan Damián Orsatti y Héctor Oscar Pedernera agredieron físicamente a Rodríguez, delito que fue calificado como vejaciones.
Para ello, fundó con meridiana precisión no sólo la prueba incorporada por lectura al debate, sino también de lo que surgió en la audiencia a través de los testimonios.
Así, el fiscal reconocería que se estaba frente a dos versiones opuestas, considerando que se podría estar frente a cuestiones meramente subjetivas de los protagonistas, pero si fuera así, igualmente hay un dato objetivo, imposible de inventar: las cuantiosas lesiones que presentó Rodríguez y el momento de producidas. Y ese dato objetivo profundizó la idea que el delito existió.
“Estoy convencido que las exposiciones no tuvieron ánimo de perjudicar a los policías”, afirmó Morey, para luego añadir que en la audiencia fue más que convincente el relato de la víctima.
Para ello, no sólo se quedó con el relato verosímil de Rodríguez como de sus allegados que atestiguaron, sino en el propio lenguaje corporal de los mismos. Así, se detuvo a repasar el “coraje” del camionero para sostener la mirada con los policías que lo habían golpeado, e incluso como los ubicó sin titubear en sus respectivos roles a la hora de la agresión.
Para el fiscal, ese hombre que se mostró tan contundente y vehemente en sus dichos y gestos, sin siquiera bajar en algún momento la mirada, ni sonrojarse, no era otra cosa de alguien que guardaba la tranquilidad de decir la verdad. Así, subrayaría que la versión de Rodríguez era veraz, creíble.

POLICIAS MENTIROSOS

Sobre los relatos de los policías que fueron aportados como testigos de la defensa, los ubicó en la percepción diametralmente opuesta, la de aquellos que demostraron un esfuerzo por ayudar a los acusados -sus compañeros-, poniendo en evidencia hechos que no existieron.
Lisa y llanamente Morey habló de policías que mintieron, con relatos que resultaron contradictorios.
En ese contexto, el fiscal pediría luego al juez que a la hora de dictar sentencia no sólo condenara a los policías imputados, sino que diera traslado de las actuaciones a la fiscalía para investigar la posible comisión del delito de falso testimonio e incluso el de haber participado de las vejaciones de los policías testigos, identificados como Miranda, Luna y Antonelli.
Ya para Orsatti y Pedernera, ratificó el delito de vejaciones. Para con el primero, pidió en consecuencia la pena de 1 año y seis meses de prisión condicional y tres años de inhabilitación para ejercer cargos públicos.
Con Pedernera, en tanto, entendió que su grado de jerarquía en la estructura policial merecía de un reproche penal más severo: 2 años de prisión de ejecución condicional y 4 años de inhabilitación para ejercer como policía.
Al tiempo del particular damnificado, el doctor César Cárdenas coincidió con los lineamientos del fiscal, agregando condimentos que hicieron a la historia “mal contada” por la policía, como así también referir a que si bien el médico policial como el forense hablaron de lesiones leves, se trató de lesiones dolosas, intencionales, enfatizando que fue una verdadera paliza contra Rodríguez, según los certificados médicos aportados al expediente.

EL MITO DE LAS CAVERNAS

Los defensores Esteban Hess y Gabriel Di Giulio se complementaron para intentar rebatir la acusación y hablar lisa y llanamente de una historia inventada, producto de la concatenación de sucesos que se habían registrado en el incidente familiar de Rodríguez en su casa de calle Magallanes.
Hess coincidió en las dos versiones expuestas y, frente a ello, adujo, había que despejar las dudas y contradicciones para arribar a la verdad.
El letrado arremetería contra Rodríguez y su séquito, entendiendo que vieron una película, cuya versión resultó antojadiza y tendenciosa.
Recordó que todo se había gestado por una reyerta familiar y por lo cual Rodríguez fue cambiando de rol y de expresiones para acomodar su situación frente al primer conflicto en su casa.
Enfatizó en que Rodríguez tuvo reacciones violentas desde el inicio del conflicto en su casa y desde allí devino la lesión que luego evidenció en su ojo.
No dejó de subrayar que Rodríguez trajo un nuevo elemento al debate, como fue la paliza en el patio, dado que en su primera exposición en la instrucción, nada de ello refirió.
Insistiría también en la “incongruencia” de los testigos de la acusación, en tanto las comparó con la declaración de los policías, que a su entender habían resultado contestes porque, en definitiva, la golpiza nunca existió.
Di Giulio, por su lado, agregaría más metáforas al interesante alegato que, sin embargo, no aportó demasiadas precisiones para desterrar las pruebas incriminantes.
Así citaría a Platón para referirse al mito de las cavernas, en el que no se ve la realidad sino a través de las sombras y, así, se presta a distintas interpretaciones. Se ve, entonces, lo que se quiere ver, en clara alusión de intentar desacreditar los dichos del denunciante.
También se dijo preocupado como ciudadano, habida cuenta que frente al delito de atentado y resistencia a la autoridad, del cual resultó imputado Rodríguez, aún no se resolvió y hoy goza de una probation, en tanto que sus pupilos estaban sentados en el banquillo de los acusados, próximos a escuchar el veredicto, por aquellas sombras.
Contrariamente al fiscal, el abogado consideró que el testimonio de Rodríguez fue incongruente, no fue creíble, sin dejar de mencionar que quedó en claro el odio que tenía a los policías.
Para con el amigo de Rodríguez que ratificó lo vivido por el camionero, lo calificó de impresentable, al considerarlo como una persona descarada.
Arribando a las conclusiones, el defensor entendió que de considerarse veraz la versión de Rodríguez entonces tendrían que estar todos los policías de la comisaría Tercera presos, incluso los médicos que intervinieron.
Sin más, insistiría en que de no considerarse que todo fue una mentira, al menos quedaban muchas dudas y, frente a la duda, se debía privilegiar el principio de inocencia. Así, pediría la absolución de los dos efectivos.


Amor por el uniforme

Cerrando la audiencia, el magistrado dio lugar a los acusados para vertir su opinión y/o descargo frente a lo expuesto en el debate, sobre lo cual Orsatti prefirió el silencio, conforme con lo que había expuesto su defensa.
Pedernera, en cambio, sí habló, incluso contradiciendo el consejo de su abogado, según sus dichos.
Así clamaría por su inocencia, enfatizando el apego a su profesión y sin dejar de evidenciar su bronca por el tenor de la acusación del fiscal.
“Amo mi trabajo, me duermo y me despierto con el uniforme. Tengo toda la familia de policías y hace tres años que estoy llorando por esta injusta situación”, exclamó.
En tono de enojo se dirigió al fiscal para decirle que él también podía mirarlo a los ojos -así lo hizo- y decir que era inocente.
Visiblemente consternado, nervioso, ratificaría que no había hecho nada malo, que ya en varias oportunidades en sus función le tocó enfrentarse con gente violenta, pero él hacía su trabajo, era inocente. “Ojalá que Dios lo ilumine”, le habló al juez. “Ojalá que todos se vayan con la conciencia tranquila de lo que aquí se dijo”, deseó a los presentes, no sin demostrar una bronca mayúscula por lo que le tocó en suerte protagonizar.

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