7 de julio de 2011

Locales

Locales. Se cumplen ocho años de impunidad por el crimen de la mujer sin nombre

Un día como hoy, en una noche gélida como las de estos días, hace ocho años la ciudad se ganaba una víctima más de la inseguridad, factiblemente del delito que por éstos tiempos se difunde mucho más y que hace a la trata de personas. Presuntamente el cadáver hallado a la vera del acceso a la localidad de Gardey, a escasos metros del puente de arroyo Chapaleofú, era una de las tantas mujeres sometidas a este grave flagelo.

Apenas una hipótesis, datos fragmentarios, a lo largo de estos impunes años en los que apenas se logró una reconstrucción de la mujer, suponiendo que esos datos debían servir para averiguar quien era.

“Tenía entre 25 y 40 años y medía 1,60; de tez trigueña; cabello ondulado largo y de color castaño; estaba embarazada de tres meses y las estrías abdominales indican que fue madre con anterioridad”. Apenas estas pocas líneas para un groso expediente judicial que no llevó a ninguna parte, conforman la historia conocida como el crimen de la mujer sin nombre, uno de los crímenes impunes de nuestra ciudad.

Se dedujo oportunamente que “las cicatrices paralelas en su muñeca izquierda revelan que en el pasado había intentado suicidarse” y se evaluó que el crimen “puede estar vinculado con el tráfico y trata de personas”. Sospechas, solo hipótesis para una causa a estas alturas muerta, paralizada frente a la impotencia investigativa.

“Con un 80 por ciento de aproximación” divulgado de la imagen del rostro reconstruido, se creyó como muy probable que alguien tenga datos sobre la mujer, sobre todo porque se trata de un crimen cometido en una localidad pequeña donde es muy difícil que alguien pase inadvertido, se decía, con todavía un halo de optimismo que ya a tantos años se ha diluido.

Las últimas noticias sobre la causa se remontan a la participación de la Red Detectives Sin Fronteras, quienes iban a colaborar con la justicia para dar al menos con el paradero de la víctima. Pero nada cambió desde entonces. Nadie reclamó por ella.

La investigación fue encabezada oportunamente por el fiscal Gustavo Echevarría -hoy juez-, quien supo pedir colaboración al Departamento Interpol de la Policía Federal y demás organismos que tampoco ayudaron a la pesquisa.

El hallazgo del cadáver se produjo el 7 de julio de 2003 en un campo ubicado cerca del acceso a la localidad bonaerense de Gardey, a unos 20 kilómetros de nuestra ciudad.

“Al momento de ser hallada, vestía pulóver de hilo a rayas horizontales de colores verde, amarillo y turquesa y sobre éste, un buzo de color gris con inscripción en la parte delantera que dice “Deer Ridge Mountain-Resort Gatlinnburg Tennessee. Además, tenía jeans de color azul gastado en su parte delantera, medias de toalla de color blanco, corpiño blanco, bombacha con colores de la bandera argentina, zapatos “Leyde” negros número 38 y pañuelo de cuello azul. En su muñeca izquierda, llevaba una pulsera del club Boca Juniors y en la derecha, una cinta rosada, mientras que en el tobillo derecho tenía colocada una cinta negra”. Se repite en cada una de las crónicas de los últimos nueve años sobre la “misteriosa mujer”, una repetición que va acompañada de un reclamo ya casi silencioso de justicia.

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