28 de octubre de 2011
Los cálculos preliminares indican que Tandil reporta la misma cantidad de casos de ACV que la media nacional, esto es, 350 anuales cada 100.000 habitantes. El dato refleja un promedio de casi un ataque cerebrovascular por día.
De todos modos, esa estadística previa será analizada el año entrante cuando profesionales especialistas en la enfermedad lleven adelante un estudio en nuestra ciudad, con participaciones de expertos de Buenos Aires, adelantó ayer el neurólogo Mariano Cóppola.
Precisamente mañana, 29 de octubre, se conmemora el Día Mundial del Ataque Cerebral. En ese marco, Cóppola brindará hoy a las 17.30, una charla gratuita abierta a la comunidad en la biblioteca del Hospital Municipal "Ramón Santamarina".
En diálogo con el programa "Cada Mañana", de AM 1560, señaló el médico que cualquier persona puede sufrir un ataque cerebral, aunque hay algunos vecinos que tienen más riesgos que otros, en base a factores como la presión arterial alta, diabetes, el colesterol alto, y un mal estilo de vida, en torno a la dieta, la falta de ejercicio y el cigarrillo.
Con el transcurso de los años los vasos sanguíneos "se enferman y en algún momento puede taparse y generar un problema vascular en el cerebro", apuntó el profesional tandilense.
Generalmente, el ACV afecta a los adultos, después de los 55 años, pero también puede darse en jóvenes.
"En la gente joven debe pensarse en otras causas porque no pasó tanto tiempo como para que se dañen los vasos, y a veces inciden las enfermedades genéticas y el consumo de drogas", señaló el doctor Cóppola.
Los síntomas son repentinos, pero "puede pasar que uno tenga síntomas mínimos o transitorios a los que no les preste atención. El objetivo de las charlas es concientizar a la gente sobre los síntomas y las medidas que deben tomarse en caso de que se presenten".
Sin embargo, las disertaciones enfatizan en la prevención. De darse los síntomas del ACV, la idea es "diagnosticar a tiempo para evitar el mayor daño posible", comentó el facultativo.
Al no funcionar una parte del cerebro, porque se queda sin sangre, deja de cumplir su función, lo que genera un "déficit", ahondó.
Por eso se dan síntomas como la falta de fuerza en alguna parte del cuerpo, falta de sensibilidad, dificultades en la visión, el habla -para expresarse o entender el lenguaje-, crisis severas de inestabilidad del cuerpo, en raras ocasiones dolores de cabeza y visión doble, sobre todo en un sólo lado del cuerpo, por una cuestión anatómica.
Cóppola aseveró que el ACV es la segunda causa de muerte en el mundo y la segunda causa de discapacidad, por eso lo ideal es "no tenerlo, conocer los factores de riesgo y tratar de modificarlos. Hacer desaparecer la enfermedad es imposible, se trabaja por minimizar las consecuencias, esto es, la atención rápida y correcta del paciente, así como la modificación de los riesgos posteriores".
Un ataque cerebral puede provocar el fallecimiento, la postración en una cama, o por el contrario, el paciente puede seguir con su vida normal.
Una misma persona puede soportar varios ACV sobre todo si después del primer evento no se cuida, o si tiene una enfermedad caracterizada por los accidentes cerebrovasculares recurrentes. En este sentido, Cóppola aclaró que quien padeció la enfermedad debe someterse a estrictos controles. Y ejemplificó: "si un paciente hipertenso tuvo un ACV, luego del caso debe controlar su presión el doble de veces. Lo mismo pasa con la diabetes".
El envejecimiento de la población, los cambios en estilos de vida, la vorágine de la ciudad en la vida moderna, la falta de actividad física, la dieta y el consumo de drogas han multiplicado el número de casos.
"Esta no es una enfermedad nueva, pero sí más difundida últimamente. Pues tiene un alto impacto poblacional, social y económico. Una persona postrada genera un gran gasto en salud pública, por eso en este tipo de enfermedad tan prevalentes, las autoridades sanitarias deben difundir para bajar el índice de casos", apuntó el profesional.
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