10 de mayo de 2011
por Diego Dulce (*)
BUENOS AIRES.- El Congreso que surja de las elecciones de octubre no arrojará bloques con mayoría propia en ninguna de las dos cámaras, cualquiera sea el resultado de la presidencial, y obligará al futuro oficialismo a realizar negociaciones para conseguir la aprobación de leyes.
Este escenario adquiere una gran importancia si se piensa que no se trata sólo de un hecho numérico sino que marcará la necesidad de los partidos de darse una estrategia de diálogo con otras fuerzas para avanzar en la aprobación de proyectos en los próximos dos años.
El hecho consolidará la tendencia que se inició en 2009 cuando las elecciones legislativas limitaron el poder que había concentrado el kirchnerismo desde 2003 lo que llevó al Gobierno a reducir la cantidad de iniciativas enviada al parlamento en el último año y medio.
El Frente para la Victoria es la primera minoría en ambas cámaras: tiene 87 diputados, en un cuerpo de 256; y 31 senadores de un total de 72. Sumados los aliados permanentes y los que lo apoyan casi siempre el kirchnerismo extiende su influencia política a 121 diputados y a 36 senadores, en ambos casos por debajo de la mitad más uno que le exigen en ambas cámaras para constituir quórum propio.
La bancada oficial pondrá en juego en los próximos comicios un número muy alto de legisladores en las dos alas del Parlamento: Debe renovar 51 escaños de Diputados (casi el 60 por ciento de los integrantes actuales) y 15 senadores de los 31 (casi la mitad) que posee en la cámara alta.
Para repetir los mismos números que hoy exhibe en Diputados, la bancada kirchnerista debería conseguir el mismo 45 por ciento de los sufragios que obtuvo en 2007 cuando Cristina Fernández ganó las elecciones en primera vuelta.
En el Senado, deberá ganar los dos senadores del partido más votado en las ocho provincias que cambian representantes y así avanzaría un casillero en la grilla, pero no llegaría a la mayoría.
Todos los partidos de oposición tienen vedado siquiera imaginarse que puedan obtener un quórum propio en forma individual en los cuerpos legislativos. La dispersión que se registra en la oposición apenas se inició el proceso electoral a fines del año pasado desaconseja que se pueda considerar la posibilidad de que conformen un solo bloque.
En Diputados y Senadores la distancia que separa al grupo K de los demás partidos es casi abismal. Si al oficialismo le resulta imposible acceder a mayoría propia en las cámaras, no hay palabra para describir la falta de chances de los partidos opositores en forma individual.
En la cámara baja, la UCR tiene 43 bancas y renueva 16, la Coalición Cívica 19 y cambia 12, el Peronismo Federal 28 y 8, Proyecto Sur 11 y 6, Socialista 6 y 5, Peronista, 4 y 3, GEN 5 y 3, PRO contiene 11 legisladores y recambia 3.
En la cámara alta, además del kirchnerismo que dispone de 31 parlamentarios y renueva 15, la UCR concentra 18 y cambia sólo 3, y el interbloque del Peronismo Federal, de 16 arriesga 4, si en esta categoría política puede incluirse al ex presidente Carlos Menem.
A casi seis meses de las elecciones del 23 de octubre, los partidos siguen con verdadera obsesión la elección de los candidatos a la fórmula presidencial y la política de alianza para sostenerlo, pronto deberán definir una estrategia de acuerdos con otras fuerzas para gobernar cuatro años sin la posibilidad de gozar de mayorías especiales.
(*): DyN.
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