14 de julio de 2011

Locales

Locales. Un crimen guardado en el cajón de los hechos impunes de la ciudad

En silencio, casi como el mismo crimen, la causa por el asesinato del jubilado José Mesquidas quedó en un callejón sin salida, sin respuestas, en un cajón donde la ciudad alberga sus hechos impunes.

Será motivo de sociólogos analizar el por qué pareciera que para la propia sociedad hay crímenes de primera y de segunda. Pero lo cierto es que el homicidio del jubilado de Villa Italia como el de Margarita Herrera (ocurriría al mes siguiente) murieron por manos asesinas anónimas, en un gélido silencio a pesar de la virulencia de sus muertes. Silencio que en este caso es sinónimo a la apatía de los vecinos por reclamar por justicia como sí se realizó por otros casos del mismo tenor. En definitiva, se trató de vidas arrebatadas, de criminales sueltos.

Poca o nula reacción popular se generó por estos decesos violentos, más allá de las acciones de aquellos encargados de llevar adelante la causa que, a estas alturas, naufragan en un mar de impotencia, con claras muestras a estas alturas -a cuatro años del luctuoso suceso- de estar frente a una causa que va rumbo al archivo de los casos irresueltos.

A mediados de febrero de 2009, desde éstas páginas se informaba sobre un presunto avance en la causa que investigaba el homicidio de José Mesquidas, ocurrido el 14 de julio de 2007. Al decir de fuentes judiciales de aquel entonces, un testigo de identidad reservada había aportado datos sobre el crimen. Mientras se aguardaba el resultado de las pericias por los rastros encontrados en las uñas de la víctima, se había recibido una declaración en sede judicial. El testimonio ponía en el centro de la escena a un nuevo sospechoso. Los dichos fueron convincentes para el fiscal Piotti quien pidió la detención, aunque la jueza de Garantías Stella Maris Aracil no valoró la declaración de la misma manera.

De aquella información a la fecha, las diligencias se sucedieron sin solución de continuidad, empero el desenlace de las mismas cayeron en el mismo interrogante, frustración. Nada sirvió finalmente para cimentar aquella hipótesis de presunto avance en el expediente. Todo lo contrario, ni el testigo ni los resultados periciales aportaron para un posible esclarecimiento. Todo fue negativo, todo fue a parar al mismo callejón sin salida.

A la fecha, podría sintetizarse en que la causa está paralizada, sin sospechosos a la vista y pocos indicios para encaminar la pesquisa hacia otro carril de los hasta aquí ensayados. Apenas el dato de otro sujeto que habría dicho que le dijeron algunos datos que, en definitiva no aportarían demasiado al esclarecimiento del crimen, menos aún en dar con los autores del homicidio.

El o los asesinos del jubilado José Luis Mesquidas, son toda una incógnita, transformándose el caso en uno de los hechos contemporáneos más graves que la Justicia no pudo resolver, integrando la lista de casos irresueltos como la mujer sin nombre hallada en el camino de ingreso a Gardey y el de la jubilada Margarita Herrera, en los monoblok de avenida Perón.

Si bien la instrucción por éstas horas aún se mantiene abierta al aguardo de algunas diligencias procesales, los investigadores confiaron en que la pesquisa del crimen naufraga, habida cuenta de los escasos avances que el expediente denota a pesar de los esfuerzos por intentar dar con los responsables.

Se insiste, las últimas novedades ventiladas (que finalmente resultaron un fiasco) ocurrieron hace un par de años, cuando apareció un testigo de identidad reservada quien aportó datos sobre un individuo, poniéndolo en el centro de la escena en esta causa aún sin resolverse.

Lo cierto es que por esas horas, el testigo no contó con la valoración que se especulaba y la hipótesis volvió a colisionar con la resignación.
Oportunamente también se había generado relativa expectativa con los resultados de las pericias efectuadas en rastros ubicados debajo de las uñas de la víctima para cotejarlos con la sangre tomada a dos personas que estaban detenidas por otros hechos.

Sin embargo, los resultados del ADN de las muestras hemáticas no tuvieron coincidencia con el patrón genético hallados en el cuerpo del jubilado asesinado.

EL HECHO Y EL MOVIL

El crimen de Mesquidas ocurrió en la casa de la víctima, Vicente López 817, el 14 de julio de 2007, y murió como consecuencia de los traumatismos sufridos durante el presunto intento de asalto.

Mesquidas recibió una golpiza con un elemento contundente que desencadenó en su muerte y se dejó de lado lo que se había barajado en un principio, respecto a que el deceso había sido producto de un golpe en la nuca al caer.

Se presume que los delincuentes que ultimaron a Mesquidas tenían el convencimiento sobre una importante transacción inmobiliaria de la víctima, quien había vendido una casa producto de una herencia por el fallecimiento de un familiar directo.

Una parte de ese dinero el hombre la había utilizado para adquirir un auto nuevo a un vecino, mientras que el resto de la plata la había depositado en un banco y no la guardaba en la casa, como seguramente ha creído el matador.

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