21 de marzo de 2026
El alcoholismo es una enfermedad de la que mucho no se habla. Pareciera que socialmente no se problematiza el consumo, pero existe, hace mucho daño. En La Lupa Random de hoy, visitamos al grupo de Alcohólicos Anónimos en Tandil y descubrimos, una vez más, experiencias de vida que nos hacen repensarnos y el incalculable valor de los espacios de escucha y acompañamiento entre pares.
por
Lorena Medina y Florencia Pendas
El disparador
de ésta nota fue un flyer de un encuentro de mujeres por zoom convocado por alcohólicos
anónimos (AA). Enseguida nos pusimos en contacto, nos abrieron sus puertas y
nos acercamos a "Empezar a Vivir" el grupo de AA en Tandil.
Adriana y
Juan nos recibieron para contarnos un poco del grupo y de sus experiencias de
vida, de la enfermedad y la recuperación. Pero la charla se hizo larga, interesante
y cuando nos dimos cuenta habían comenzado a llegar otros integrantes del
grupo, quienes, muy en contraposición a lo que pensamos, nos compartieron algo
de su historia que suma a esta Lupa Random que hoy hace foco en una problemática
invisible, conocida, pero de la que no se habla.
Haciendo
un poco de historia, Alcohólicos Anónimos nació de la experiencia de dos alcohólicos
que se conocieron pasando por una situación tremenda y, en el intercambio, se
dieron cuenta de que charlando entre ellos y pasando el rato, se mantenían sobrios,
hallaron en esos encuentros una forma de no tomar y a partir de eso fueron
descubriendo otras herramientas. Esta organización mundial no cuenta con el
abordaje desde una mirada profesional, sino que son grupos de personas alcohólicas
acompañándose entre sí, brindándose los espacios de escucha, no juzgándose, dándose
apoyo.
"Tenemos
doce pasos de camino hacia la recuperación, pero no hacemos promesas a largo
plazo, es un día a la vez, un paso a la vez. Acá podés venir y decir lo que
necesites hablar de lo que sea, todo queda aquí en el grupo, por fuera nadie
dice nada ni comenta nada de lo que aquí se habla o de quienes venimos, eso no
nos importa", cuenta Adriana quien llegó a AA a los 25 años, pero no permaneció.
Hoy tiene 60, tuvo muchas recaídas y siempre, a pesar de haber pasado por
internaciones en Buenos Aires y en salud mental, siempre volvió a AA. "Para mí
el camino no fue sencillo. Pero el primer recuerdo que tengo de haber tomado
fue a los 17 estaba muy rodeada de gente alcohólica tenía un registro de cómo
era, entonces después de esa vez, ya supe que eso que parecía una
circunstancia, era una bomba de tiempo."
Adri que
ha llegado a consumir alcohol fino o esconder bebidas en el lavarropas, menciona
que "no conozco ninguna red en el mundo que funcione de esta manera, gratuita,
a disposición siempre. Porque nos reunimos lunes, miércoles y viernes, pero
siempre hay un teléfono a disposición, quien llega a tener un padrino o
madrina, también cuenta con ese acompañamiento".
El único
requisito para llegar y permanecer en AA es tener el deseo de dejar de beber. "A
esta enfermedad no la entiende nadie, ni nosotros que la tenemos, ni los
familiares que nos acompañan. El alcoholismo te coopta, organizas toda tu vida
pensando en tomar, cuándo tomar, cómo comprar el alcohol. Te levantas pensando
en eso por más que tengas trabajo, por más que tengas familia, todo, gira en
torno al alcohol. La enfermedad te va ganando y no te das cuenta cómo. Siempre
hay una excusa, o me saque la lotería o se murió la vecina, me miró mal mi jefe,
celebro mi cumpleaños, no me quieren o me quieren mucho...somos expertos en
buscar excusas para tomar. Todos los caminos conducen al vaso", dice Adriana
con una claridad y reconocimiento sobre su día a día, que es admirable.
Y esa admiración
no sólo tiene que ver con la fortaleza en la recuperación sino también en el
trabajo interno que cada uno hace para llegar a reconocerse enfermos y a partir
de allí comenzar a sanar.
Si bien el
alcoholismo es uno, cada quien encuentra diferentes modalidades y allí también
hay una diferencia entre hombres y mujeres, donde por supuesto el prejuicio y
la culpa tienen un lugar preponderante. "Las mujeres en general tenemos la característica
de ser bebedoras solitarias, tomamos a escondidas, la culpa, el miedo, el
sentirnos mal, es una cadena de la que no salís más. Entras en un deterioro
interno que se vuelve imposible. No sabes a quien acudir, quien te puede
escuchar, por eso para mí es importante que la gente sepa que hay una puerta
que se puede golpear y que siempre va a estar abierta", dice Adriana.
"Recupere a mi familia y estoy re contento"
Juan, llego
al grupo sólo en el año '99, y nunca más bebió alcohol. "Un día entre al bar a
las 6 am y salí a las 14, aprovechaba esa hora porque mi mujer estaba
trabajando. Yo andaba en bicicleta y tuve un accidente en el que me rompí toda
la cara, estuve 15 días internado y la recuperación me llevo más de un mes. A
partir de ese momento no tome más, me sume al grupo de Alcohólicos Anónimos, al
principio no entendía nada de lo que hablaban, pero nunca deje de venir", cuenta.
"Nosotros
los alcohólicos, somos personas que damos mucho trabajo en casa, somos una porquería
cuando estamos en consumo, pero se puede estar bien. Cuesta un montón, pero se
puede, yo estoy re contento, no sólo por estar bien sino porque además recupere
a mi familia. Imaginate que antes nadie me quería llevar a ningún lado, la
pasaban mal. En los cumpleaños familiares me emborrachaba y mi señora se tenia
que ir conmigo, nunca podían disfrutar, un desastre". Las palabras de Juan
tienen el peso del tiempo perdido y la esperanza puesta en el futuro. Duele
escucharlo definirse como "porquería" pero se le dibuja una sonrisa cuando dice
estar "re contento". Este jubilado ferroviario que se "colaba" en los velorios para
tomar, dando cuenta de las cosas a las que llegó en su enfermedad, vivió siempre
rodeado por el alcohol, "mi madre tomaba y tengo recuerdos muy feos, aun así,
yo también tomaba, parece una contradicción. Ella siempre estaba en casa, yo
llegaba y la encontraba tirada, teníamos estufa a leña y tenia miedo de que se
prenda fuego. A veces tenia que cortarle la luz porque manipulaba las cosas eléctricas
así medio inconsciente, entonces también se ponía agresiva. Mi papá era similar
porque fumaba y tomaba, murió muy joven y, después de esas experiencias, pensar
en vivir bien a mí me da mucha fuerza para seguir adelante.
"Volví
a tener confianza en mí y en los demás"
"En la
vida tenemos muchas puertas, cuando empezamos a tomar las vamos cerrando y
cuando nos queremos acordar nos queda sólo una, la de AA. Lo vemos acá todo el
tiempo, la mayoría venimos porque no hay más posibilidades, en nuestra casa no
nos aguanta nadie, en el trabajo tampoco, en ningún lado. Acá encontré comprensión,
y me di cuenta de que todos se notaban que era alcohólico menos yo", cuanta Carlitos,
el primero que se sumó a la charla.
"Me di
cuenta de que podía creer en la gente, recuperé la confianza en mi y en los demás.
Aca trabajamos mucho el respeto, la tolerancia, sin juzgar a nadie. Empezas a
mirar tu vida y tu historia de otra manera. No somos ni los buenos ni los
malos, somos lo que podemos e intentando mejorar."
"Estuve
casi toda mi vida viviendo en otro planeta"
"Yo también
vine sola porque ya llevaba muchos años de vicio, casi toda mi vida viviendo en
otro planeta y necesitaba empezar a vivir en el mundo real", cuenta Ana sin dudarlo
ante la invitación a contar su testimonio. "Este año recaí tres veces, me sentí
muy superada por muchas cosas y ante tanta presión volví a agarrarme de lo
conocido. El alcoholismo siempre está ahí, como acechando".
"Abrazo a mis hijos y los siento, disfruto de verlos sonreír"
"Como
decimos, esta es una enfermedad lenta, silenciosa y mortal. Yo volví a nacer,
tuve que pasar por un proceso de internación de un año y tres meses, me
aconsejaron seguir con el grupo tanto en Alcohólicos Anónimos, como en Narcóticos
Anónimos, ya llevo más de 3 años y cinco meses sin consumir, ni alcohol ni
sustancias. Ellos (por el grupo) son las personas con las que más comparto, confío,
sé que con ellos puedo liberarme, gracias a ellos puedo hoy disfrutar de las
cosas simples de la vida. Recupere a mi familia que la tenía perdida, volví a
tener dignidad. Abrazo a mis hijos y los siento, disfruto de verlos sonreír",
comparte Fernando un joven que mate de por medio llega al grupo para contar y
escuchar.
"Es más
interesante venir acá y charlar con los compañeros que consumir"
"A mí me
gustaba ponerme en pedo y drogarme, pero todo tiene un límite", comienza diciendo
Guille, uno de los últimos en sumarse a la nota. "Lo digo así porque es lo que
me paso a mí. No es que estaba sufriendo por algo, elegía eso. Estando acá en
el grupo y viéndome a la distancia, recuerdo que mi inclinación al consumo fue desde
chico. Hoy mi deseo es estar sobrio y limpio, tengo un problema menos que me
saque de encima. No quiero ni necesito consumir, es más veo a mis amigos y agradezco
no estar así. Encuentro más interesante venir acá a charlar con los compañeros
que consumir. Un hermano mío se murió por no poder alejarse del alcohol, yo
quiero otras cosas para mí".
DONDE RECURRIR
Grupo Empezar a Vivir. Lunes miércoles y viernes de 19 a 20.30 en Saavedra 939. Teléfono 2494060320

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