10 de octubre de 2011

Locales

Locales. Vivir en carpa como última opción

La lona negra tiene múltiples agujeros, el piso de tierra es todo humedad y el hacinamiento una realidad que duele en el extremo noroeste de Tandil. Muy cerquita de la réplica de la Piedra Movediza, 5 familias usurparon terrenos y casas a medio terminar, ya adjudicadas a otros propietarios dentro del Plan Federal. Trabajan, pero el sueldo de la changa no alcanza para el alquiler, aseguran.

Invisibilizados, César Cari (38) y Claudia Martinel (32), sus dos hijos -10 y 9 años- y un cuñado viven en carpa, desde hace meses. Un viento no tan fuerte alcanza para voltear el toldo que improvisaron con parantes de madera y chapas. Tienen agua y luz por conexiones clandestinas. Pero porque “Dios es grande” no ocurrió una tragedia ya que la instalación es precaria, el medidor que las alimenta está sobresaturado en demanda y un solo cable, que se expande sobre el piso, asiste a 5 casas. El peligro de electrocución es inminente.

LA VOZ estuvo en la barriada y dialogó con dos de las 5 familias que usurpan los inmuebles fiscales en Azucena y Los Crisantemos. Son un fiel testimonio del déficit habitacional y sus consecuencias. “No queremos que nos regalen nada, sino que nos den un lote a pagar en cuotas accesibles”, señalaron.

Casi todos en la zona viven de la albañilería, hacen trabajos temporarios y con suerte logran juntar 1.800 pesos mensuales.

Las visitas a la Secretaría de Desarrollo Social han sido en vano, manifestaron. El Registro Unico de Demanda Habitacional todavía no los benefició, y como rentar un departamento ya es esquivo para su capacidad de pago, decidieron acomodarse en un rincón de La Movediza. Bajo una tienda, junto a los chicos, con poco y nada.

“Que el intendente se de una vuelta por la barriada entre tanta inauguración”, dijeron molestos por la indiferencia municipal ante una realidad social inocultable.

“Estuvimos un mes sin luz, con una linterna, ahora un vecino nos da el servicio a 5 familias”, señaló Cari, joven que hace 10 años se radicó en Tandil, al venir de Buenos Aires. Al principio “alquilábamos, el proyecto era comprar algo, no tuvimos suerte, tuvo un accidente grave en moto, salve la vida de milagro según el médico”, relató el entrevistado, obrero de la construcción.

En Azucena al 300 estaban alquilando una casita de una habitación, donde “estábamos todos arrinconados con una humedad terrible, me arruinó los muebles, le reclamamos al dueño y nos cobraba como si nada, y la luz debíamos pagar el doble, entonces un día cerramos los ojos, entramos a caminar y caminar, y dimos con esto”, narró en torno al terreno que ocuparon.

Cuando fueron a pedir asistencia, la asistente social del barrio les encomendó que vayan al Area de Vivienda de Desarrollo Social. “Necesitamos palos y chapas para asegurar el techo”, refirieron los vecinos.


UN AムO BAJO UNA LONA

En medio de la nota, se acercó Liz Teresa Morinigo(29), quien junto a su marido, Gustavo Heredia (28), y tres pibes -11, 4 y 2 años- se metió en una casa a medio terminar y por su cuenta decidió acabar con la construcción, a sabiendas que las casas ya están adjudicadas por la Municipalidad.

“Yo estuve un año viviendo en carpa, soportamos todo el invierno en esa condición”, destacó la mujer.

Sorprende, además de las necesidades que afectan a estas familias pobres de la ciudad, cómo desde un solo medidor de luz –domiciliario- extienden en forma clandestina el servicio a otras 5. Por momentos deben turnarse para utilizar el servicio para no provocar una sobrecarga que desemboque en el corte. El titular de la línea, incluso ya les advirtió que pronto deberá terminar con la “gauchada”.

“Hace 5 años me anoté en un plan para entrar a un sorteo de una casa. Tengo chicos y nunca fui elegida. Cuando en el barrio hay parejas solas sin hijos que fueron beneficiadas”, consideró Morinigo.

Conscientes de la ilegalidad que implica usurpar una propiedad (en este caso del Estado), las familias de la zona insisten en señalar que “queremos pagar una cuota accesible, no queremos que nos regalen nada”, culminaron
.
Según registros oficiales, el déficit habitacional de Tandil ronda las 5.000 personas sin techo, y desde hace varios años, el asunto se colocó en el centro de la agenda política tanto del partido gobernante (el Radicalismo), como de las fuerzas de oposición.

A su vez, dentro de la campaña electoral 2011 no hubo candidato a intendente que no proclamara la vivienda como una prioridad a atender, tanto desde la órbita nacional, provincial como municipal.

Pese a que el asunto entre y salga de los medios de prensa según las circunstancias que marca la actualidad informativa, el problema está latente en todos los rincones de Tandil. La gente de Azucena y Los Crisantemos componen un mosaico más del complejo entramado de demanda de techo propio que afecta a una gran porción de la sociedad.

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