15 de abril de 2026
Los habitantes de la zona se movilizaron para visibilizar la inseguridad que atraviesan. Denuncian la existencia de "puntos calientes", demoras en la justicia y un clima de impunidad que aseguran haber llegado al límite.
La intersección de las calles Maritorena y Figueroa se
convirtió este miércoles por la mañana en el epicentro de un reclamo vecinal
que refleja el hartazgo de un sector de la ciudad golpeado por la delincuencia.
Comerciantes y residentes se reunieron para denunciar una serie de robos sistemáticos que, según afirman, ocurren mayoritariamente durante las madrugadas.

"Tres robos en
siete meses"
Fabián, propietario de una carnicería en dicha esquina,
relató el calvario que vive desde que inauguró su local hace siete meses.
"En siete meses me entraron tres veces", lamentó el comerciante,
quien nació en el barrio y asegura que la situación se ha agravado
drásticamente en el último año.
Los delincuentes han utilizado métodos violentos, incluyendo
la rotura de ventanas y puertas "a hachazo".
Entre los elementos sustraídos se encuentran herramientas, dinero en efectivo, garrafas y teléfonos celulares. "Es un descontrol todas las noches", afirmó Fabián, quien además señaló a una vivienda en Maritorena 86 como uno de los focos de conflicto donde se congrega gente sospechosa.
Los vecinos identifican claramente otros focos de
inseguridad, denominados "puntos calientes", especialmente en la zona
de Kramer y Figueroa.
Por su parte, Darío, dueño de una panadería y pizzería
cercana, también reportó haber sido víctima de robos desde el inicio de sus
obras.
El relato de los comerciantes describe maniobras de
inteligencia previa: mencionan llamadas telefónicas nocturnas a las pizzerías
para "medir" si hay gente en los locales, y la presencia de mujeres
que circulan por el barrio "pispeando" los vehículos estacionados.
Incluso, mencionaron ataques con rifles de aire comprimido contra las cámaras de seguridad para evitar ser identificados.

Impunidad y críticas a
la Justicia
Un punto de fuerte fricción es la sensación de impunidad.
Fabián relató con asombro que, mientras la policía realizaba peritajes en su
comercio, los sospechosos lo saludaban con descaro desde la calle. "No
puede ser que yo esté haciendo la denuncia y el tipo esté en la puerta de la
carnicería", sentenció.
Si bien los vecinos reconocen que la policía "hace lo
que puede" -destacando la presencia del comisario y el jefe de calle la
noche anterior-, las críticas apuntan directamente a la Fiscalía.
Denuncian que el acceso a las cámaras de monitoreo municipal
es sumamente lento. "Vas a fiscalía y te dicen que no se pueden mostrar
porque la causa es por drogas y tarda entre 2 y 3 años", explicó uno de
los damnificados, calificando la respuesta como carente de lógica ante la
urgencia de los robos diarios.
La tensión en Maritorena y Figueroa es palpable. Los vecinos
aseguran que en un radio de cuatro cuadras a la redonda todos han sufrido robos
en los últimos tres meses.
La impotencia es tal que algunos han mencionado la
posibilidad de llegar a instancias de linchamiento si la situación no se
revierte.
"Te dan ganas de hacer cualquier cosa porque es
impotencia", confesó Fabián, resumiendo el sentimiento de una comunidad
que exige soluciones directas y una acción judicial más eficaz ante una
realidad que los mantiene en vilo cada noche.
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