3 de abril de 2026
En una emotiva jornada de fe y reflexión, la comunidad religiosa se reunió este Viernes Santo para conmemorar la Pasión, Muerte y Sepultura de Jesucristo, participando de la tradicional Solemne Procesión del Santo Entierro.

Durante la ceremonia, marcada por la
solemnidad de la procesión, se destacó que de cada acontecimiento de la vida de
Cristo se pueden extraer lecciones fundamentales: de su pasión, la humildad; de
su muerte, la generosidad de la entrega; y de su sepultura, la esperanza en la
vida eterna, en el mensaje expresado por el Presbítero Rafael Grasetti, quien
encabezó la movilización religiosa.
El mensaje central de la liturgia recordó
los sufrimientos y humillaciones que enfrentó Jesús, desde la corona de espinas
hasta la crucifixión, como un acto de salvación destinado a reconciliar a la
humanidad con Dios.
Se enfatizó que, aunque la procesión acompaña al Señor en su sepultura, este no es el final del camino, sino un tránsito hacia la "veracidad de su resurrección" y la vida nueva que comunica el misterio de la Pascua.

En el marco del año jubilar por el octavo
centenario de la muerte de San Francisco de Asís, la conmemoración adquirió un
tono de súplica por la armonía social y personal. El orador instó a los
presentes a pedir el don de la paz, estructurando su petición en cuatro
niveles: "Paz en el corazón de cada individuo; Unidad y paz para las familias; Paz
y reconciliación para la Patria; y Bendición de paz para el mundo entero".
"Pidamos al Señor Jesús que nos dé el
don de la paz y nos haga instrumentos de su paz", se exhortó antes de
proceder al rezo colectivo del Padre Nuestro, reafirmando el compromiso de
perdón y devoción de los asistentes.
La celebración concluyó con una bendición solemne impartida a los fieles en nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, cerrando un encuentro que unió la tradición del duelo cristiano con la esperanza de la paz global.
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