18 de enero de 2026
El verano 2026 muestra un arranque heterogéneo, pero con señales claras de dinamismo: destinos que combinan naturaleza y eventos logran mejores niveles de ocupación y empuje de demanda, mientras que en varias plazas se consolida un turista más prudente, con estadías moderadas y decisiones de compra de último minuto.
Al mismo tiempo, la temporada se apalanca en una agenda intensa de festivales, competencias deportivas, ferias gastronómicas y propuestas culturales, que funcionan como "gatilladores" de viajes y ayudan a sostener la actividad incluso en contextos de gasto más medido.
1) Pulso de ocupación
y reservas: un verano que se activa por "picos"
Los relevamientos muestran un inicio de temporada marcado
por picos de ocupación asociados a fines de semana, eventos y agendas
puntuales, más que por reservas anticipadas o estadías largas planificadas con
antelación. La dinámica dominante es la del viaje conveniente: cuando se
combinan evento, clima favorable y propuesta clara, la ocupación sube rápidamente,
incluso en destinos que arrancaron con registros moderados.
En los destinos con atractivos naturales consolidados, los
niveles de ocupación se ubican en rangos altos y muy altos, que en esta primera
quincena se amplían incluso por encima de los valores inicialmente observados.
Puerto Iguazú alcanzó una ocupación superior al 82%, con picos del 85%, más de
68 mil arribos y 203 mil pernoctaciones. Un comportamiento destacado también se
observa en Ushuaia, con el 88% de ocupación en los primeros 15 días y el 83% de
reservas para la segunda quincena, impulsadas por festivales culturales,
actividades al aire libre y el intenso movimiento de cruceros internacionales,
que generaron picos diarios de miles de visitantes. En Oberá, Misiones, la
ocupación alcanzó el 80% en los primeros días, con expectativas cercanas al 70%
para la segunda quincena, sostenida por estadías de entre 2 y 5 noches. En Tandil, el mejor desempeño volvió a
concentrarse en el segmento de cabañas (80%), traccionado por el turismo familiar
y de naturaleza y por eventos deportivos puntuales, mientras que la hotelería
tradicional mostró niveles más moderados. En Entre Ríos, Colón y
Gualeguaychú confirmaron que cerraron la quincena superando el 80% de
ocupación. Los mismos niveles se observaron en Mendoza capital (80%) y
Bariloche (80%) en los primeros 15 días de enero, con muy buenas reservas y
expectativas para la segunda quincena. En Neuquén, Villa La Angostura, Traful y
San Martín de los Andes reportaron ocupación plena, mientras que, en Córdoba,
Carlos Paz logró el 90% de ocupación y Santa Rosa de Calamuchita el 95%. Según
los operadores consultados, para el promedio de la provincia, los ingresos de
turistas fueron el 20% superiores al año pasado.
Un segundo grupo de destinos presenta niveles medios pero
sostenidos, característicos de plazas orientadas a escapadas y turismo
regional, con ocupaciones que se mueven entre el 60% y el 75%. Chascomús
registró el 62% de ocupación promedio con expectativas para la segunda quincena
similares a las de la primera y una estadía promedio de 3 noches. Así se
consolida como destino de descanso corto con impacto económico concreto. En la
Río Negro el promedio general de la primera quincena se ubicó en el 75%, con
hoteles alcanzando el 85% y complejos turísticos en el 65%. Por su parte, Mar
del Plata llegó al 60%. Para toda la provincia de Buenos Aires se estimó un
flujo de 3,6 millones de turistas, casi 100 mil menos que en la misma quincena
de 2025. En Entre Ríos el promedio provincial cerró en el 70% la primera
quincena, con picos superiores al 90% en destinos con fiestas populares,
carnavales y eventos masivos. En el Norte argentino, Tafí del Valle y San
Javier (Tucumán) comenzaron el verano con niveles de reserva superiores al 70%,
al igual que la Quebrada de Humahuaca en Jujuy.
También se observan destinos que comenzaron la temporada con
niveles más bajos, pero con señales de recuperación y comportamiento ascendente
hacia el resto del mes. Puerto Madryn registró una ocupación promedio del 35%
en la primera quincena, aunque con el 50% de reservas y una proyección del 70%
promedio mensual, apalancada en una agenda intensa de ferias gastronómicas,
actividades culturales, propuestas deportivas y eventos teatrales. En Posadas,
Misiones, la ocupación de los primeros días se ubicó en el 40%, con un perfil
muy marcado de turismo de paso y decisiones tomadas en el día, lo que explica
la baja proporción de reservas anticipadas. En Corrientes la ocupación promedio
informada fue del 55%, mientras que en Tucumán rondó el 43% y en Santiago del
Estero el 36%, aunque con picos significativos asociados a festivales y eventos
culturales. En destinos termales y emergentes de Santiago del Estero, como
Termas de Río Hondo, Villa Ojo de Agua y Sumampa, la ocupación osciló entre el
50% y el 70%, con mejoras claras durante los fines de semana y en coincidencia
con eventos de gran convocatoria. Catamarca arrancó enero al 60% promedio
provincial y en el 50% en la capital, niveles que se fueron incrementando hacia
la segunda semana. En la ciudad de La Plata, la ocupación promedio de los 15
días de enero fue del 24%. Con el Estadio Único Diego Armando Maradona cerrado,
este destino se comporta mayormente emisivo, porque la mayoría de los platenses
que vacacionan se van a la costa. En Neuquén, Aluminé reportó el 65% y Villa
Pehuenia el 60%.
El verano 2026 no se ordena tanto por la anticipación como
por activadores concretos. Donde hay eventos, fiestas populares, festivales
culturales, competencias deportivas o experiencias diferenciales, la ocupación
se acelera y supera con holgura los promedios generales, como se observa en
destinos de la Patagonia, el Litoral, el Norte y el centro del país. Esta
lógica de picos, con comportamientos muy dinámicos y sensibles a la agenda,
aparece como uno de los rasgos centrales de la temporada en todo el territorio
nacional.
2) El nuevo
comportamiento del turista: decide tarde y su estadía es flexible
La temporada de verano consolida un cambio estructural en
los hábitos de viaje, con un turista que define su salida cada vez más cerca de
la fecha, controla el gasto y prioriza experiencias concretas por sobre
estadías largas previamente planificadas. Este comportamiento no responde a un
destino en particular, sino que aparece de manera transversal en todo el país,
desde plazas urbanas de paso hasta destinos icónicos de naturaleza y ciudades
que funcionan como escapadas de fin de semana. Más que un retroceso del
turismo, lo que se observa es una reconfiguración de la forma de viajar, donde
la flexibilidad y la oportunidad ganan peso frente a la anticipación.
Uno de los rasgos más visibles es la decisión tardía de
viajar, características que se observan cada vez más frecuente. En destinos del
Litoral como las diferentes ciudades de Misiones, los prestadores coinciden en
que las reservas anticipadas perdieron peso y que la mayoría de las consultas
se concreta en el día o con muy poca antelación, muchas veces de manera
presencial. En Entre Ríos los relevamientos muestran que buena parte de la
ocupación se termina de definir en las 72 horas previas y que el flujo se arma
especialmente alrededor de fines de semana con fiestas populares y carnavales.
Incluso en provincias con buena performance de ocupación, como Santa Fe, el
impulso se asocia a eventos y fines de semana, con un sector de cabañas y
complejos ribereños que trabajan de manera constante y con picos marcados,
reforzando la idea de un turista que activa el viaje cuando encuentra un motivo
concreto y conveniente.
La duración de la estadía acompaña esta lógica más flexible
y fragmentada. En ciudades de paso frecuentes de La Pampa, Misiones,
Corrientes, Chaco, y distintos puntos de la provincia de Buenos Aires los
visitantes no suelen permanecer más de una noche, ya que continúan viaje hacia
otros destinos regionales. En plazas serranas como Tandil, si bien el segmento
de cabañas muestra un buen desempeño, la hotelería registra mayor rotación y estadías
cortas, asociadas a escapadas breves y a un consumo más contenido. En
contraste, los destinos turísticos consolidados sostienen estadías más
prolongadas: Bariloche y Mar del Plata presenta un promedio cercano a 3,8
noches, Catamarca 4 noches, Puerto Iguazú eleva ese registro a 4,4 noches y
Ushuaia se ubica en torno a 4 días de permanencia, combinando turismo
tradicional con el aporte adicional de los cruceros, que generan picos de
visitantes y consumo concentrado en determinadas jornadas. A su vez, en provincias
como Formosa y La Rioja predominan pernoctes más cortos, alrededor de 2 noches,
vinculados a escapadas de verano con fuerte peso de playa, río y actividades
recreativas.
En términos generales, la estadía promedio se concentra
mayormente entre 3 y 4 noches en los destinos de vacaciones plenas, mientras
que en el Norte y el Litoral se observa una mayor dispersión, con permanencias
que oscilan entre 2 y 5 noches, dependiendo de la combinación de eventos,
termas, playas de río y propuestas culturales.
En este contexto, el verano 2026 anticipa y confirma un
turista activo pero prudente: viaja y se mueve, pero lo hace con cautela,
define tarde, ajusta la duración de su estadía y elige en función de la
relación precio-experiencia. Lejos de retraerse, el turismo se reorganiza
alrededor de decisiones más racionales y selectivas. Así, los destinos que
logran comunicar con claridad su propuesta, ofrecer experiencias diferenciales
y brindar opciones flexibles, desde escapadas ribereñas hasta grandes íconos
naturales, son los que mejor están captando la demanda y logrando sostener el
ritmo de la temporada.
3) Gasto y estadía:
consumo selectivo, pero con cifras potentes donde el producto tracciona
Aun con un turista más prudente y selectivo, los datos de la
primera quincena confirman que el gasto turístico sigue siendo significativo y
genera un impacto económico concreto en las economías locales. Lejos de un
consumo expansivo generalizado, el patrón dominante es el de un gasto más
racional, con comparaciones y más concentrado, donde el visitante prioriza
experiencias con sentido y ajusta consumos accesorios. El resultado no es menor
gasto, sino gasto mejor direccionado.
En términos de gasto diario, el verano muestra una amplia
dispersión de valores, reflejo de la diversidad de propuestas, perfiles de
demanda y escalas territoriales. En gran parte del país, los gastos se ubican
en el rango de $ 95.000/$ 100.000 por persona/día, como ocurre en Entre Ríos,
donde el gasto diario promedio informado alcanzó los $ 96.960, permitiendo
estimar un impacto económico cercano a los $ 38.000 millones en los primeros
días del verano. En Chascomús el gasto promedio se ubicó en $ 97.000,
confirmando el peso económico que puede generar una escapada corta cuando hay
volumen y rotación. En la ciudad de Santa Fe el gasto diario estimado asciende
a valores sensiblemente más altos, con $ 219.000 por persona/día, explicado por
el consumo urbano, la gastronomía, los eventos de playa, la agenda cultural y
el gasto asociado al transporte.
Otros destinos del Norte y del Litoral muestran valores más
moderados, sin que ello implique un menor impacto agregado. En Formosa el gasto
diario promedio ronda los $ 85.000, asociado a propuestas de playa, río,
recreación y turismo de cercanía. En Santiago del Estero el gasto promedio
diario se ubica en $ 70.000, con un patrón claramente racionalizado por rubros,
alojamiento, transporte, entretenimiento y gastronomía, típico de un turismo
que administra su presupuesto, pero mantiene actividad. En Río Negro los
valores informados se mueven en un rango similar, entre $ 70.000 y $ 85.000,
combinando destinos de mayor permanencia con otros de alta rotación y fuerte
componente regional.
En los destinos de alta tracción turística el gasto diario
se eleva de manera significativa, evidenciando la capacidad de ciertos
productos para concentrar consumo. En Puerto Iguazú el gasto medio diario
ascendió a $ 117.940, impulsado por la oferta de excursiones, actividades en el
Parque Nacional Iguazú, gastronomía y servicios asociados. En el extremo
superior se ubica Ushuaia, donde el gasto diario estimado trepó a alrededor de
$ 370.000 por persona, explicado por excursiones de naturaleza, navegación,
actividades premium, gastronomía y el fuerte aporte del turismo de cruceros
internacionales. Estos valores no reflejan un consumo indiscriminado, sino la
concentración del gasto en experiencias de alto valor agregado, seleccionadas
de manera consciente por el visitante.
El control del presupuesto aparece como un rasgo
transversal, incluso en los destinos con mayor nivel de gasto. En La Rioja,
pese a que el gasto promedio por visitante ronda los $ 95.000, el movimiento
turístico se explica en gran medida por festivales y eventos populares, que
actúan como disparadores del viaje y concentran el consumo en momentos
específicos. En Tandil se observa una estrategia de precios contenidos, tarifas
similares a la temporada anterior, que permite sostener la demanda, mientras el
visitante se muestra más prudente en compras y gastronomía fuera de los
consumos esenciales.
Este patrón también se replica en toda la Patagonia, donde
destinos con fuerte dependencia aérea y oferta amplia, como El Calafate, atraviesan
una temporada más moderada: hay gasto, pero con mayor sensibilidad al precio,
selección cuidadosa de excursiones y búsqueda de alternativas que permitan
optimizar el presupuesto. En la Costa Atlántica, aunque algunos balnearios
muestran buenos niveles de ocupación, el gasto también responde a una lógica de
escapadas breves, promociones puntuales y consumo condicionado por clima y
agenda cultural.
En la comparación contra la quincena de 2025, una señal de
alerta son los datos de provincia de Buenos Aires: los registros oficiales
marcaron una caída del 21%, que se sintió con mayor intensidad en los destinos
de la Costa Atlántica (-26%). Por ejemplo, los gastos turísticos realizados con
Cuenta DNI bajaron un 40%.
La lectura de mercado es clara: el gasto turístico es
significativo y, en muchos casos, muy elevado, pero no se distribuye de forma
homogénea ni automática. Allí donde el producto turístico logra diferenciarse y
ofrecer razones claras para gastar, los indicadores económicos acompañan y
confirman que el verano 2026 mantiene un impacto real y palpable, aun en un
contexto de mayor cautela en las decisiones de consumo.
4) Motores de la
temporada: eventos + cultura (la fórmula que mejor funciona)
El calendario de la primera quincena del verano muestra la
cantidad de eventos y actividades que operan como los principales aceleradores
del movimiento turístico, con impacto directo tanto en la ocupación como en la
circulación comercial. Es que el turista se movió menos por "destino"
en abstracto y más por activadores concretos: un festival, un carnaval, una
carrera, una feria o una experiencia diferencial en naturaleza. La agenda
funciona como motor de demanda porque reduce incertidumbre (qué hacer, cuándo
ir, por qué vale la pena), permite decidir tarde y aun así viajar, y genera un
efecto de pico (concentración de flujos y gasto) que se derrama en alojamiento,
gastronomía, transporte y comercio. En términos de mercado, los eventos cumplen
tres funciones: disparan el viaje; ordenan el calendario, y hacen
"comprable" la experiencia.
Eventos masivos y fiestas identitarias. El gran motor
nacional del verano sigue siendo la fiesta popular: convoca por identidad, por
ritual social (ir con amigos/familia), por "algo para ver" y porque
estructura escapadas de fin de semana. En Entre Ríos el caso emblemático es el
Carnaval del País (Gualeguaychú), que además este año suma jerarquía por su
declaración como Fiesta Nacional, y funciona como un imán de flujo regional. En
paralelo, se consolidan los corsos como red territorial de atracción
(Gualeguay, Hasenkamp, Santa Elena), que multiplican fines de semana con alta
circulación y generan ocupación fuerte. La lógica se repite en otras
provincias: en Misiones la agenda de fiestas temáticas (Mojarrita en Azara;
Bikini en San Javier; Fiesta del Cerro en Santa Ana) y la anticipación de los
Carnavales Apostoleños (Apóstoles) muestran cómo el evento "crea
temporada" incluso fuera de los grandes centros. En Santa Fe los eventos
también operan como columna vertebral del turismo de cercanía, pero con un
sello particular: festival + río + propuesta gastronómica. El Festival del
Jaaukanigás (Reconquista) se destaca por volumen de convocatoria y por su
capacidad de movilizar servicios locales durante varios días. Lo mismo el
Festival Provincial del Pescador (Sauce Viejo), que articula tradición, música
y consumo en espacios de playa y balneario. En La Rioja el patrón es todavía
más nítido: los festivales son directamente el disparador principal del
movimiento, con citas como el Festival del Canto y la Danza (Ulapes), el
Festival del Dátil (Patquía), el Festival del Algarrobal (Tama) y el Festival
Javier Cuero Vega (Anjullón), que elevan ocupación y gasto en localidades que,
sin evento, tienen menor tracción. En San Luis el calendario festivalero
también refuerza esta lógica de "picos" durante enero, con una grilla
concentrada en localidades serranas y del interior como el 37° Festival
Provincial del Artesano (San Francisco del Monte de Oro), el 33° Festival de
Oro y del Agua (La Carolina), el Festival Provincial de la Papa (San Pablo), o
el 25° Festival del Turismo de la Costa de los Comechingones (Cortaderas, 10 de
enero). En Córdoba la temporada se apalanca en el peso de sus destinos serranos
y en una grilla intensa de propuestas culturales y recreativas, con festivales
legendarios como el de Doma y Folklore (Jesús María). En Ushuaia los eventos
atrajeron flujo nacional e internacional, como el Hain Festival (Complejo
Haruwen) y el evento electrónico en Living Ushuaia.
Cultura + gastronomía + ferias. La agenda cultural y
gastronómica es el motor "silencioso" pero constante, que, aunque no
genere récords de ocupación por sí sola, extiende horarios de consumo, sostiene
movimiento entre picos y hace que el turista "se quede en la ciudad"
gastando. Puerto Madryn es un buen ejemplo de programación distribuida con
propuestas como Madryn Comestible, ferias de productores y emprendedores,
circuitos culturales (museos, muestras, recorridos) y formatos tipo
"paseos temáticos" (antigüedades, autos antiguos) sostienen flujo
diario y amplían públicos (familias, adolescentes, turismo urbano). En Formosa
capital la combinación de ferias (Tarde con Amigos, Ecoferia del Río), cultura
(muestras, museos) y atractivos urbanos junto al río arman una propuesta donde
el visitante puede consumir sin depender de una sola "gran noche".
Mar del Plata ilustra otro rol clave de la cultura: apertura de temporada como
evento en sí mismo. "Mar del Plata Levanta el Telón" (Villa
Victoria/Centro Cultural Victoria Ocampo) funciona como lanzamiento mediático y
de producto: instala agenda, ordena la oferta cultural y refuerza el
posicionamiento de la ciudad como destino de espectáculos.
Deporte, el activador perfecto del "viaje
oportunista". Los eventos deportivos están siendo de los mayores
activadores para un turista que decide tarde. Dos casos destacados son el
torneo de aguas abiertas (Chascomús), con más de mil asistentes entre
participantes y acompañantes, y la carrera Cruce Tandilia (Tandil), que explica
un pico puntual de demanda y mayor rotación en hotelería. En Formosa los
formatos "playa" (Five Rugby playa, beach vóley, hockey arena,
fútbol) fortalecen el turismo de escapada y aportan consumo en balnearios y
paradores.
5) El producto
naturaleza, la experiencia que no se posterga
Además del evento clásico, la naturaleza convertida en
experiencia programada es el fijo de la temporada. En la primera quincena de la
temporada, el movimiento turístico se concentró en un conjunto de atractivos y
productos líderes, que explican buena parte del flujo, la ocupación y el gasto
registrado a nivel nacional.
Encabezaron el ranking de visitas del inicio del verano los
parques nacionales y paisajes únicos. Se destacan Parque Nacional Iguazú con
más de 50.000 ingresos en los primeros días del mes y niveles de ocupación
superiores al 80%, y Ushuaia, donde confluyen naturaleza, excursiones y turismo
de cruceros, generando picos diarios muy altos de visitantes. En la Patagonia
continental, El Calafate con sus paisajes, en el Litoral los Esteros del Iberá
en Corrientes fueron uno de los productos de naturaleza más demandados del
verano, con fuerte atractivo para turismo nacional e internacional.
En materia de playas y destinos de agua, entre las más
visitadas se destacan Las Grutas por su singular temperatura del agua y perfil
familiar y la Costa Atlántica con muy altos niveles de ocupación en los
principales balnearios: Pinamar, Mar del
Plata, Vila Gesell, Costa Esmeralda, San Bernardo, Mar de las Pampas y Cariló,
entre otras. A este grupo se suman las playas de río y lagunas del Litoral y el
Norte, junto con los complejos termales que concentran grandes volúmenes de
visitantes diarios, especialmente los fines de semana.
Además del atractivo "clásico", crecieron las
experiencias especiales que concentran visitas en fechas determinadas. Entre
ellas, los paseos de luna llena en Cataratas, actividades guiadas en selva,
trekking en áreas protegidas, y propuestas de turismo activo en montaña,
sierras y humedales, que transforman la naturaleza en un evento en sí mismo.
6) Desafíos que
aparecen en el terreno (lo que mira el sector)
Uno de los principales desafíos señalados por prestadores y
cámaras está siendo el crecimiento de la oferta informal de alojamiento, que
compite de manera directa con la hotelería registrada. Esta situación genera
fuertes asimetrías de costos, presiona precios a la baja y afecta la
rentabilidad de los establecimientos formales, especialmente en destinos con
alta demanda de escapadas cortas y alquiler temporario.
La rentabilidad también aparece bajo tensión. El turista
consume de manera más selectiva, prioriza experiencias puntuales y ajusta
gastos complementarios, mientras los costos operativos, como energía, insumos,
personal y logística, continúan en niveles elevados, reduciendo márgenes en
buena parte del sector.
Otro aspecto crítico es la dependencia creciente de la
agenda y el clima. La temporada se vuelve más volátil, pero cuando hay buen
tiempo la demanda responde rápidamente. Cuando ese factor falta, la ocupación
se retrae. Se pudo ver claramente eso desde mediados de diciembre, lo que
dificultó la planificación financiera de los prestadores y aumentó la
incertidumbre, especialmente en destinos de escapada y turismo de cercanía.
Este verano también aparecieron con fuerza los desafíos de
comunicación y percepción pública. En regiones afectadas por contingencias
ambientales o climáticas, el sector advierte que los mensajes generalizados
pueden desalentar viajes incluso hacia zonas que se encuentran plenamente
operativas. La gestión fina de la información y la diferenciación territorial
se vuelven claves para no "apagar" la temporada de manera
innecesaria.
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