29 de julio de 2011
En ese maravilloso mundo de los ponchos, prenda de abrigo usada por la mayoría de los pueblos del mundo desde tiempos inmemoriales, se destacaron y se destacan hoy los confeccionados en nuestras tierras, y en toda su extensión por artesanos/as que mantienen las técnicas de tramado, laboreo o guardas atadas, que los hacen obras de arte incomparables por no confeccionarse dos iguales, al ser salidos de un telar artesanal.
Esa industria local, que fuera defendida a ultranza por algunos gobernantes, como fue el caso de Juan Manuel de Rosas, que entendiendo a la perfección las necesidades de un pueblo, que necesitaría no solo en ese momento de la patria de un sistema de comercio que sirviera a sus necesidades, con una producción propia, defendió esa industria, contra la invasión de productos foráneos, que por ser de más bajo costo, por provenir de países ya industrializados, hundían sin atenuantes el comercio de productos, que de haberse protegido, darían a las provincias una mejora en sus economías regionales (esto lamentablemente tiene una actualidad pavorosa).
No estuvo la industria artesanal de los ponchos ajena a este fenómeno de “globalización” del siglo XIX, nuestros puertos comenzaron a recibir con la anuencia de leyes aduaneras apropiadas para el despojo hacia una incipiente industria nacional, ponchos ingleses, cojinillos de hilo, chiripas y todo tipo de paños de uso tanto en la zona rural como en las ciudades. No nos olvidemos que ya en los años de 1780 contaba Inglaterra con máquinas de hilar de diferentes grosores y en 1820 se instaló el primer telar mecánico, lo que produjo también en su tierra de origen, grandes conflictos de tipo gremial, porque con su aparición, comenzó a declinar la necesidad de mano de obra.
Las exportaciones de varios países del mundo entre ellos el nuestro de lanas hacia el viejo mundo les dio a las industrias británicas el material necesario para sus textiles que unido a una gran red de comercio naviero hizo que los mencionados textiles llegaran a nuestra tierras convertidos en prendas que serian de uso local.
Estos ponchos de paño eran de gran calidad y por ser su trama mas apretada que la de los realizados por artesanos indígenas en telares artesanales, no dejaban pasar el frío el viento o el agua, llegando a ser preferidos para su uso incluso por los indígenas, agregando a todo esto su bajo costo. Tuvieron amplia difusión en la Pcia de Buenos Aires, el litoral argentino, la Banda Oriental, el sur de Brasil, Chile e inclusive Perú.
Con una habilidad innata para imponer sus productos en tierras extrañas, crearon los ingleses motivos de decoración del gusto local para sus telas y paños, aparecieron plumas de ñandú, mantos de gato montés, soles, estrellas, lunas, rayos, motivos llamados ojo de perdiz, grecas y guardas y hasta los diseños del famoso decorador ingles William Morris (1834-1896) que curiosamente paso a la historia por sus exclusivos diseños para el estampado de telas y de papel para empapelar paredes. También fueron utilizados como chiripas, como lo muestra la imagen que acompaña la nota de un gaucho argentino en el año 1866 (foto obtenida por Esteban Gonnet) perteneciente al Archivo General de la Nación. Otro poncho el mismo origen que apareció por esos años, fue el denominado poncho patria, usado por el regimiento argentino de caballería llamado “Blandengues” de paño grueso azul oscuro con forro de bayeta colorada, el poncho patria tenia solapas y una abertura que se cerraba sobre el pecho con botones muy parecidos a las capas militares españolas. Esas prendas eran entregadas por el rey de España por lo que se los denomino “Reyunos” (como al caballo patrio) y posteriormente siguiendo aparentemente la misma costumbre, al regalar el gobierno argentino a los caciques ese tipo de poncho, paso a denominarse “poncho patria”.
A principios del siglo XX, antes del comienzo de la primera guerra mundial, la firma textil Campomar, fabricó este tipo de ponchos de trama más abierta y con diseños propios de hojas y flores pero más apagados que los que se confeccionaron en Inglaterra. Hoy no es fácil hallarlos puesto que la mayoría están en manos de tradicionalistas y coleccionistas, engrosando un patrimonio cultural y preservándolos del paso del tiempo con sus cuidados, apareciendo cada tanto, sobre algún recado de lujo.
Palermo 2011- Cabaña de caballos criollos “Santa Ana” de Tandil
Nuevamente con excelentes resultados.
Sentado a la mesa mate de por medio con mi amigo Marcelo Segura, asiduo visitador de esta columna, por sus logros en el manejo de la cabaña “Santa Ana “ de los hermanos Sandro e Iván Vesprini, tomo nota de los resultados obtenidos por la cabaña en la 125ー Exposición Agroganadera de Palermo, con productos de la cabaña y un ejemplar traído por la firma Ruete Quemés, para ser preparado y presentado por Santa Ana obteniendo nada más y nada menos que al Gran Campeón Padrillo de la Raza , macho tres años montado “Sosegado Guri”, labor que también realiza la cabaña presentando en pista ejemplares de cabañas colegas que recurren a Tandil por las mejoras de sus planteles.
Resultados generales: (cuatro ejemplares presentados)
“Agenciada Ibatin” 1er Premio en su categoría y 3er Mejor potranca de la Exposición.
“Agenciada Franca” 2do Premio en su categoría y Mejor adulta menor.
“Tañido Aguatero” 3er Mejor padrillo categoría adulto menor, Cabaña Felipe Ballester.
“Sosegado Guri” Gran Campeón Padrillo Montado, macho de tres años, Cabaña “Ruete Quemés”.
Como verán, esta cabaña local no deja de sorprendernos con sus éxitos a todo nivel, éxitos que esta columna acompaña, por ser indudablemente una actividad que reúne las más profundas raíces criollas ligadas a nuestro más querido amigo y compañero, el caballo.
Bueno amigos espero les hayan gustado las notas, les mando un saludo y hasta la próxima. rincóntradicionalista@hotmail.com
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A 44 años de la gesta de Malvinas, el recuerdo de Manuel Larrosa permanece intacto. En aquel entonces, con solo 23 años y el grado de Cabo, Larrosa formaba parte del Comando de la Tercera Brigada de Curuzú Cuatiá, Corrientes.