18 de octubre de 2026
Hemos atravesado (y soportado) gobiernos de todos los signos, crisis económicas, cambios tecnológicos y modas intelectuales sin perder el rumbo. Desde su primera edición, este diario defendió la libertad individual, la división de poderes, la propiedad privada, la libertad de expresión, los principios judeocristianos y el valor de las instituciones por encima de los hombres. Lo hizo cuando era cómodo y, sobre todo, cuando fuimos víctimas de la persecusión ideológica.
La coherencia, obviamente, no es rigidez.
Un diario liberal debe someter sus ideas al debate, reconocer errores y
escuchar al que piensa distinto, porque esa es la esencia del liberalismo. Pero
tampoco es veleidad. La persistencia en los principios es lo que permite al
lector saber, generación tras generación, desde dónde se le habla. En un tiempo
en que las posiciones se ajustan al clima de cada coyuntura, sostener una línea
editorial a lo largo de más de un siglo y medio es una forma de respeto hacia
quienes nos leen.
Esa continuidad no habría sido posible sin
quien hoy conduce esta empresa. Como un peñasco en la marea, Don Florencio
Aldrey (foto) ha tomado la decisión de seguir editando este diario en papel aun
con todos los vientos en contra: la migración de la publicidad a las redes
sociales, el encarecimiento de los insumos, el desplazamiento de la lectura
hacia el entretenimiento inane de las pantallas y la tentación, siempre
presente, de resignar calidad o independencia a cambio de supervivencia.
Nuestro director optó, en cambio, por sostener una redacción profesional, una
tradición y un compromiso con la verdad que no admite atajos. Esa convicción
merece reconocimiento público.
Al llegar a este aniversario, renovamos
nuestro compromiso con los lectores: seguir informando con rigor, opinando con
libertad y defendiendo, sin estridencias, pero sin concesiones, las ideas que
nos dieron origen. Porque la prensa libre no es un negocio más. Es una
condición esencial de la República.
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