29 de agosto de 2025
Más que una tradición, un legado. En este Día del Trabajador del Chacinado, Cagnoli celebra su historia con sello innovador.
Un Legado Familiar en el corazón de Tandil
La familia Cagnoli celebra su legado de cuatro generaciones,
honra su presente y proyecta un futuro que mantiene viva su esencia.
Con casi un siglo de historia, Cagnoli es un pilar de la
chacinería en Tandil, una historia que comenzó con un inmigrante italiano y se
convirtió en un referente nacional. Hugo Cagnoli, segunda generación y memoria
viva de la tradición chacinera local recuerda los inicios: "los inmigrantes
trajeron sus recetas y su saber hacer. En nuestro caso pusimos el apellido, eso
era lo habitual en aquella época. Pero cuando uno pone el apellido es un
compromiso que asume, tiene que salir bien o salir bien."
El éxito de sus productos se debe en gran parte a la
sinergia única entre el saber hacer y el entorno natural, el clima de Tandil es
ideal para la elaboración de chacinados. Como cuenta Pablo Cagnoli, tercera
generación de la familia: "Ellos traían el oficio, pero la máquina era el
clima. La amplitud térmica y este entorno natural único permitió desarrollar el
oficio. En esos años solo se elaboraba en invierno."
En 1944, Pedro Cagnoli adquiere el predio en sección chacras
N° 43, paraje El Molino, lugar donde se encuentra la planta elaboradora desde
sus inicios hasta la actualidad. "Era la típica fábrica italiana de tres pisos
en medio del campo, tenía un sótano, una planta baja y un primer piso. Luego
fuimos creciendo, pero la fábrica original sigue existiendo y hoy es nuestra
sala de especias", recuerda Pablo Cagnoli.
En la planta baja se despostaba y elaboraban los salames, luego se
subían al primer piso para secarlos porque allí corría el aire y en una segunda
instancia se llevaban al sótano para madurarlos. Un proceso artesanal que aún
hoy replicamos. "La tecnología actual
nos permite trabajar con mayor seguridad que en aquellos inicios, y elaborar
todo el año lo que solo lográbamos en invierno llevando un producto de calidad
a todo el país con el auténtico sabor de Tandil", remarca.
Innovación Constante:
el envasado en el punto justo de maduración
La historia de Cagnoli es una historia de innovación constante. Un hito fundamental fue su pionera técnica de envasado en su punto justo de maduración. Facundo Cagnoli, cuarta generación, explica cómo nació esta revolución: "A fines de los '90 fuimos los primeros en crear la categoría Fuet en Argentina con esta tecnología de atmósfera controlada (ATM). Esto nos permitió ofrecer el mismo sabor de siempre pero más seguro ya que es envasado y más cómodo. Rápidamente se convirtió en un producto muy elegido, infaltable en las picadas. Desde entonces, seguimos sumando productos en esta línea como el salamín picado fino, grueso, la sopresatta y, ahora, los tres nuevos sabores ahumado, picante y especiado. Hoy, Cagnoli es la única marca con una familia de sabores de ocho productos envasados con esta tecnología".
Nuevos sabores,
nuevas experiencias
Con la mirada puesta en ofrecer nuevas experiencias en la
clásica picada argentina, Cagnoli lanzó tres nuevos salamines que combinan su
saber centenario con una nueva propuesta de sabores Picante, Ahumado y
Especiado envasados en su punto justo de maduración.
Juan Pedro Cagnoli, cuarta generación resalta que el proceso
de maduración es un arte que llevan más de cien años perfeccionando: "el punto
justo de maduración lo define el artesano. Sabemos cuándo un salamín está bien
madurado y cuándo no. Y contamos con la tecnología que nos permite conservarlos
en su punto justo de maduración."
La familia Cagnoli tiene una tradición en desarrollar una
variedad de recetas, siempre pensando en ofrecer más opciones en las picadas,
pero los nuevos sabores fueron un gran desafío. Explica Juan Pedro Cagnoli:
"Probamos muchas recetas y combinaciones diferentes hasta que llegamos a los
sabores que queríamos. Por ejemplo, buscábamos un picante no invasivo, que
dejara disfrutar el sabor del producto sin taparlo. El picante debía ser algo
que se sienta de manera progresiva, para que la gente pueda disfrutarlo más. No
queríamos que fuera un picor inmediato que ocultara el sabor del salamín."
La innovación en los sabores y en su envasado reflejan por
qué Cagnoli sigue marcando la diferencia y continúa siendo un referente
indiscutible chacinados y fiambres en la Argentina.
Estas innovaciones, también han permitido que puedan ofrecer
una amplia variedad de productos libres de gluten, ya que este tipo de envasado
garantiza mayor seguridad desde que el producto se elabora hasta que llega a la
mesa, sin verse afectado en su manipulación o traslado. Hoy cuentan con más de
35 productos certificados libres de gluten.
La marca ha sido pionera en la creación de productos de alta
calidad desde que comenzaron a elaborar salamines hace más de un siglo.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.